miércoles, 22 de febrero de 2017

Gala de los premios El Ojo Crítico 2016



Aquí tenéis el enlace a RTVE A la carta, donde podréis escuchar la gala de entrega de los premios El Ojo Crítico, que tuvo lugar el pasado lunes 13 de febrero en el museo Reina Sofía. Además de las interesantes aportaciones de los diferentes jurados de los premios, el programa ofrece las intervenciones de los galardonados, a cual más rotunda. Los creadores nos hablan de sus dificultades, de su soledad, de sus reivindicaciones. Realizan un testimonio conjunto de los obstáculos que han encontrado en sus respectivas carreras, vallas que han salvado gracias a sus familias, a sus amigos y a su loable tesón particular. Cierra el acto el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, cuyas cálidas palabras de apoyo a premiados y jurados tanto se agradecen.

Para escuchar el programa, pinchad aquí o aquí.

Gracias a Juan Carlos Morales (presentador de El Ojo Crítico), Berta Tapia (Jefa del área de cultura de RNE) e Ignacio Elguero de Olavide (Director de programas de RNE) por volver a brindarme el honor de pertenecer a estos extraordinarios jurados.

Premio de Música Clásica, a Eduardo Fernández, aquí.
Premio de Poesía, a Carlos Pardo, aquí.
Premio de Artes Plásticas, a Patricia Esquivias, aquí.
Premio de Danza, a Daniel Doña, aquí.
Premio de Narrativa, a Alicia Kopf, aquí.
Premio de Cine, a Jonás Trueba, aquí.
Premio de Música Moderna, al grupo Papaya, aquí.
Premio de Teatro, a Nao Albet y Marcel Borrás, aquí.
Premio Especial, a José Luis Garci, aquí.
Premio Iberoamericano, al poeta Nuno Júdice, aquí.





sábado, 18 de febrero de 2017

Haikus de guerra


Haikus de guerra. Trad. de Seiko Ota y Elena Gallego. Hiperión. 211 páginas. 2016. 17 euros.

En su prólogo al libro Haikus de guerra Elena Gallego recuerda a los escritores que han encarnado el ideal cortesano del militar diestro en las armas y en las letras, para enfatizar la relación entre el género lírico y el motivo militar. Reconociendo esa simbiosis, yo creo que la relevancia de Haikus de guerra descansa en otra parte. Me explico. Si bien es verdad que Garcilaso o Cervantes son prototipos del caballero perfecto –según el ideario renacentista–, también lo es que ninguno de nuestros poetas-soldados de los siglos XV a XVIII escribió poemas sobre su experiencia en combate. La guerra servía de escenario para la elaboración de poemas cancioneriles, simbólicos, de tema amoroso (“Castillo de amor” y “Escala de amor”, de Jorge Manrique), de poemas mitológicos que sustentaran valores en auge (erasmistas, en el caso de “La contienta de Áyax Telamonio y Ulises sobre las armas de Aquiles”, de Hernando de Acuña), o para la composición de poemas de circunstancias (como el elogio a Carlos V: “Al rey, nuestro señor”, también de Acuña). Pero ningún poeta convirtió su vivencia personal de una batalla en motivo temático. ¿Cuántos versos dedicó a la milicia Garcilaso de la Vega, maestre de campo del emperador, tras la campaña de Rodas o Navarra? ¿Y José Cadalso, coronel del ejército, tras la guerra contra Portugal? Tendremos que esperar a Miguel Hernández, que no fue soldado de carrera, sino por obligación (combatió en Buitrago, Majadahonda o Teruel con el Quinto Regimiento), para leer poemas bélicos que relaten la vida en las trincheras (“Rosario, dinamitera”). Y habrá que esperar a Luis Cernuda (que luchó en Guadarrama, alistado al Batallón Alpino) para leer versos rotundos sobre el impacto de la guerra en la biografía de un autor (“Un español habla de su tierra”, o “El ruiseñor sobre la piedra”). De ahí la importancia de esta colección de haikus, muchos de ellos fueron compuestos por militares que volcaron en sus versos su experiencia del frente o de la retaguardia.

Seiko Ota, por su parte, abre con su introducción dos debates: ¿puede un autor evocar el dolor, el desasosiego, la angustia de la guerra, pese a no haber entrado nunca en combate? Si miramos a nuestra propia tradición literaria, veremos que algunos de los mejores poemas de tema bélico fueron escritos por religiosos, como la “Oda a la profecía del Tajo”, del fraile agustino Luis de León; o la canción en honor de la Gran Armada “Levanta, España, su famosa diestra”, firmada por el racionero de la catedral de Córdoba, Luis de Góngora. (El primero con la intención de dialogar con la lírica de Horacio, del que imita su "Oda a Nereo"; el segundo con el propósito de congraciarse con el obispo de Córdoba, tras ser amonestado por sus superiores.)

El segundo debate es el siguiente, y nos interpela a los escritores y artistas de hoy: ¿debemos mantenernos al margen de los conflictos, evitando poner nuestra obra al servicio de una causa, sorteando la denuncia del impacto de las distintas crisis que vivimos sobre la sociedad? Seiko Ota expone la controversia que enfrentó a los haijines que componían haikus tradicionales (inspirados en la naturaleza, evocadores de sentimientos a través de la simbología de cada estación), y los haijines del movimiento “contracorriente”, que durante la Segunda Guerra Mundial innovaron en sus composiciones con la introducción de motivos marciales. Dentro de este grupo también hubo disputas que dividieron a los poetas-soldados (muchos de ellos kamikazes) de los poetas que se inspiraron en libros de contenido bélico.

Kazuo Ishiguro, en una novela maravillosa, Un artista del mundo flotante, relata también la encrucijada de los artistas, pintores en este caso, durante la Gran Guerra. Así, dice Ono (el protagonista, un pintor implicado) a su sensei (maestro modernista): “siento que debo pasar a otras cosas. Pienso que en tiempos como los que corren, los artistas deben aprender a valorar otras cosas más tangibles y dejar a un lado placeres que desaparecen con la luz del día”. Ono representa al creador que anima a la batalla con sus cuadros, que persigue un fin patriótico, en lugar de consagrar su obra a la belleza. 


En Haikus de guerra también encontramos haijines que con sus versos tratan de alentar a civiles y soldados: “Otoño del país./La fuerza ilimitada/sí que existe”, de Kyoshi; “Los de arriba y los de abajo,/jóvenes y viejos de corazón unidos,/primavera del país”, de Getto. Los hay que son pequeñas joyas, por su gran plasticidad: “Avión patrulla,/amaneciendo con la luna/sobre el cerezo”, de Suiha. Algunos muestran
el arrojo de su autor, como éste, escrito por un sargento tokkootai (comando suicida) de 21 años: “Para deshojarse/florecerá, precipitado/el cerezo joven”.

Con todo, los mejores haikus de la colección son aquellos que muestran la desolación del frente (“Batalla ganada,/entre tanto silencio/está nevando”, de Fura), el dolor por la pérdida
Taneda Santooka

(“Al pie del monte/en un sitio templado,/aquí te entierro”, de Santoooka), el vacío de la espera (“Noche de nieve./Pronto los centinelas/se vuelven blancos”, de Sumio), el alivio de la supervivencia (“Oscura la noche fría,/acabada la batalla,/conservo la vida”, de Sosei), el contraste entre el paisaje y la acción que se desarrolla en él (“Campo de trigo verde./A contraluz/un tanque viene”, de Soojoo) o el miedo (“Sin poder dormir/una hoguera nocturna/rodeamos”, de Sosei).

Se echa en falta en el prólogo la investigación sobre el resultado de la guerra (derrota del eje Alemania-Italia-Japón) y su posible influjo en los haijines nacionalistas. En su novela, Ishiguro sí aborda este interesantísimo asunto, el de los pintores que trataton por todos los medios de ocultar su pasado belicista, avergonzados de sus sueños juveniles. ¿Ocurrió los mismo con los escritores de haikus?

Cierra su prólogo Elena Gallego con un interesante recorrido por las distintas formas de censura que padecieron los haijines que se opusieron a la guerra o que pusieron sus versos al servicio de la denuncia social, a través de una estética de corte realista.

El libro se presenta en una bella edición, como todas las de Hiperión. Ofrece el texto en japonés, su transcripción fonética al español y su traducción. Un haiku por página. Son pocos los textos acompañados de nota. Igual habría estado bien que todos la tuvieran. Por ejemplo, se nos dice que Soojoo compuso los siete poemas seleccionados para este libro tras la lectura de Trigo y soldados, de Ashihei, ¿nos habría sido útil que las editoras hubiesen escrito algún comentario sobre la relación de cada haiku con el pasaje inspirador? Por otro lado, la nota de la página 107 se repite en la 122, que claramente sobra (con remitir a la lectura de la anterior habría bastado). También se repite el haiku de la página 145 en la 146.

Haikus de guerra es un libro muy recomendable. Sobre todo para los amantes de la cultura nipona. Rompe tópicos literarios. Ya lo escribía Hegel en Lecciones sobre la estética: en tiempos de guerra la poesía se vuelve épica. Además, muestra cómo la mirada de los haijines era capaz de apreciar la hermosura incluso en medio de la devastación (“La batalla:/ante mí, va el deslumbramiento/de la mariposa”, de Kakio). Los textos sobrecogen y emocionan. A veces lo más pequeño hiere hasta lo más profundo.


domingo, 12 de febrero de 2017

Veinte años publicando



 
Hoy, 12 de febrero de 2017, se cumplen veinte años de la publicación de mi primer libro: el poemario Construyéndome en ti (Libertarias/Prodhufi, 1997). Le precedieron varios inéditos de adolescencia: Tierra de nadie (1992-1993), Diario urbano (1993-1994) y Esperanto (1994-1995). En ellos buscaba mi voz imitando a los clásicos (Garcilaso, san Juan de la Cruz, fray Luis de León, Cervantes) y a los poetas contemporánesos (Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Claudio Rodríguez).

Si pincháis aquí encontraréis reseñas y reflexiones sobre Construyéndome en ti.

Escribí aquel poemario a lo largo del curso 1995-1996 (con 18-19 años), mientras estudiaba 1º de Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. No llega a los 300 versos. Su brevedad se debe a una destilación de las influencias previas, a una renuncia de los ropajes de otros, para concentrarme en mis propias necesidades ideológicas y estéticas. Por eso me animé a publicarlo. Empezaba a ser yo. Pese a que se trata de un libro inaugural –no exento de tópicos–, contiene los rasgos principales de mi voz, que se han ido desarrollando en los siguientes libros, como no podía ser de otro modo. 

Este año cumple también dos décadas el poema que durante mucho tiempo ha sido el buque-insignia de mi obra: “Imán”, que acabó abanderando mi segundo poemario, Napalm. Cortometraje poético, con el que conseguí el premio Hiperión en 2001 (para leerlo, aquí). La lectura no ya sólo de la obra de Vicente Aleixandre (especialmente de Pasión de la tierra y La destrucción o el amor), sino de los estudios que dedicó Carlos Bousoño al poeta malagueño y a nuestros clásicos (Teoría de la expresión poética), fueron determinantes para dotar de profundidad, poder de evocación y capacidad de sugestión a mis textos. 

El estudio y análisis de la crítica estilística (idealista y constructivista: Dámaso Alonso, Leo Spitzer; Carlos Bousoño), supuso un antes y un después en mi creación literaria, así como me proveyó de herramientas para mis trabajos de investigación. Son también de 1997 los poemas “Fuga”, “Be strong”, “Antorcha” (Napalm), “El cuerpo y el lenguaje” y “El Constitucional” (Helio); cuyo camino estético habría de continuarse en 1998 con los poemas “Nadar a oscuras” (Napalm), “El amor es una razón de Estado” –rebautizado “La venda púrpura”– y “Democracia” (Helio); así como en 1999 con el poema titulado “Delfín” (Napalm). En este viaje me acompañó, además, una autora combativa y de gran belleza plástica: María Luisa Mora Alameda, con sus poemarios Este largo viaje hacia la lluvia y Busca y captura (Accésit y Premio Adonáis, respectivamente, de 1987 y 1993). 

En estos veinte años he publicado trece libros –entre poemarios, ediciones de clásicos para estudiantes, novela, traducción e investigación–, además de cientos de reseñas para distintos medios. (Para consultar mi bibliografía, aquí.)

Quiero agradecer, desde estas líneas, su apoyo a todos cuantos han confiado en mí a lo largo del tiempo: amigos, editores, familia, jurados de certámenes, periodistas, docentes y lectores.
Con los alumnos de bachillerato del IES La Vaguada, Zamora    

Construyéndome en ti constituye el primer escalón de mi quehacer poético. Un paso corto, cierto, pero necesario para ganar en confianza y seguridad. Así están empezando a caminar mis hijos. Con la ayuda de unas manos firmes, con titubeos, con la alegría de quien logra mantener el equilibrio y sabe que la técnica sólo puede mejorar; eso sí, a base de paciencia, de caídas, de constancia y de esfuerzo. Por eso tengo tanto cariño a este poemario.  

Con los tres sonetos del libro (“Habibi”, “Sangría” –fechados en enero y febrero de 1996–) y “Sutileza” –junio de 1995, escrito en COU–), reunidos bajo el título “Renacimiento”, previamente había ganado en mayo de 1996 el segundo premio del certamen de poesía José Hierro. Recogió la noticia El País. Pinchad aquí para leerla. 

Os dejo algunos textos del poemario:



                        Un cuerpo
               

                                       ¿A dónde huir, entonces?
                                                Ángel González


Tumbada entre las flores, las amapolas muerden
los restos de ternura que me quedan.
                   

 
      
                     Habibi


Se me cuaja la sangre cuando veo
la rosa de tus labios encrespada;
y es mi sangre un helado de granada,
y es tu rosa mi más firme deseo.

Me derrites con ese bamboleo
de leche con espuma desbordada;
y por beberla avanzo entusiasmada
como el polen directa a su apogeo.

Pero la timidez irreductible
que por costumbre sale de tu boca
el corazón me deja disgustado.

Y al no poder librarme de esa roca
una punta de acero, inamovible,
se clava como un pez en mi costado.




                    Sangría


El gesto de mi mano vuela al viento
como si fuese el filo de una espada
o los dientes de sangre en la granada
cuando al morderla saltan del contento.

Una urgencia de tigre en la mirada
ilumina mis ojos y presiento
a la intranquila rosa de mi aliento
acercarse a tu boca disparada.

El duro vendaval de mi presencia
ni para ni se cansa de acosarte
¡como si no pensara en otra cosa!

Y en vigilancia tienes mi insistencia
para que ya no pueda desnudarte
con mis ojos, mis manos y mi rosa.

martes, 7 de febrero de 2017

Me leen en el IES Sácilis



Fue en el año 2001 cuando el IES José Hierro de Getafe me invitó a participar en una charla-coloquio con sus estudiantes de 2ºESO a propósito de Napalm (Hiperión, 2001). Desde entonces, son muchos los institutos donde se han leído mis libros de poemas, y/o se han leído mis ediciones para estudiantes de la ESO y Bachillerato publicadas por Akal y SM. Pocas cosas son tan satisfactorias como saber que los adolescentes disfrutan de tus obras, porque su curiosidad y entusiasmo los convierten en lectores muy perceptivos. Ni qué decir tiene que detrás de todos ellos hay profesores excepcionales, que los animan y alientan a leer poesía, a reflexionar sobre ella, a desarrollar su imaginación a través de los textos, a mirar dentro de sí para conocerse mejor, o a descubrir los mundos que los poetas levantamos con nuestros versos. Por casualidad he descubierto ahora que el IES Sácilis, de Córdoba, eligió el pasado septiembre un poema de mi poemario Helio (La Garúa, 2014) como el texto de la semana. El fino análisis que los profesores de literatura dedican a "La vida es como el jazz" me ha parecido fantástico. Los alumnos del centro tienen la suerte de estar en manos de unos docentes conocedores de la actualidad lírica de nuestro país, involucrados en fomentar la capacidad crítica de sus estudiantes, así como su gusto por un género literario tan próximo a la sensibilidad de las muchachas y muchachos que tienen en las aulas. Este empeño me recuerda a una antología excepcional -destinada también a los más jóvenes- que hace años publicó en Hiperión otro profesor y crítico literario, Juan Carlos Sierra: Los lunes, poesía, en la que tengo el honor de aparecer, entre otros, junto a Jaime Gil de Biedma o Ángel González.

Os dejo en el enlace la entraga al blog El poema de la semana del instituto IES Sácilis. No os perdáis los comentarios -entusiastas, inteligentes- de los alumnos. 

Gracias por vuestra lectura.


 

domingo, 5 de febrero de 2017

Los trescientos escalones

Los trescientos escalones, Francisca Aguirre. Bartleby Editores. Lectura de Marta Agudo. 2012. 117 páginas. 13 euros.
 
Luis García Jambrina rescató a los poetas que quedaron en medio de la “promoción del 50” y de los “novísimos” agrupándolos en una nueva: la de los sesenta. Es, por tanto, una promoción surgida con carácter retroactivo y en oposición a las promociones ya consagradas. La nómina de poetas que la integran es prolija, destacando los nombres de Antonio Gamoneda, Francisca Aguirre, Féliz Grande, Julia Uceda, Rafael Guillén, María Victoria Atencia, Jesús Hilario Tundidor, Joaquín Benito de Lucas, Joaquín Marco, Dionisia García, Vicente Núñez o Diego Jesús Jiménez. Ya desde hace una década, asistimos a un proceso de revalorización de estos autores, cuya obra supone un avance en la línea abierta por los poetas del medio siglo y un punto de referencia obligado en el camino hacia las nuevas formas de entender la poesía que practicaron los autores venecianos. Esa puesta en valor no se entendería sin el cuidadoso trabajo de editoriales como Cátedra, Bartleby, Calambur, Hiperión, Salto de Página, Renacimiento, Pre-Textos, Visor o la Fundación José Manuel Lara, que recientemente han difundido la obra de muchos de los autores citados. Entre ellos destaca, por la frescura de su voz y por la vigencia de sus temas, Paca Aguirre. 
En el año 2012 Manuel Rico, en calidad de director de la colección de poesía, y Pepo Paz, como director de la editorial, tuvieron a bien reeditar en Bartleby un libro de poemas maravilloso, Los trescientos escalones, Premio Ciudad de Irún allá por 1976. Nadie diría, al leerlo, que la obra tiene 41 años. Por él no ha pasado el tiempo. “No me digáis que no es posible/…/ No me digáis que no”. La “tozuda locura” de Paca Aguirre parece nacida tras el 15 M, con cuyo emblema casa: Sí se puede. En cierto sentido, las circunstancias políticas de los años 70 y de los tiempos que corren son análogas: asistimos a un cambio, vivimos en la incertidumbre de un tránsito. Entonces se soñaba con la democracia, hoy luchamos por hacerla real, por perfeccionarla. En Los trescientos escalones asistimos al encuentro de una lírica próxima a la tradicional (estribillos, anáforas, paralelismos, correlaciones) con una lírica rica en refencias culturales. Así, abundan los guiños a Antonio Machado, Pablo Neruda y Gustavo Adolfo Bécquer, junto a las alusiones a Mozart, Beethoven, Olga Orozco, El Quijote, El Astillero, la princesa Ariadna y una cuasi cita del Polifemo. El libro es la aleación resultante de la mezcla de la honda reflexión existencial, con el compromiso ético y la recuperación de la memoria. La poeta oscila entre el abatimiento y el desafío. Si la vida, en ocasiones en una vía muerta donde no ocurre nada, otras veces se convierte en un arma para transformar el mundo (“Ya nada podréis,/ porque la fuerza no estaba en vosotros,/ estaba en mi debilidad” de Ya nada podréis; “qué osadía tan irremediable, qué desatino necesario/ éste de trasmitir la vida boca a boca,/ de defender al árbol como a un hombre/…/ y defenderlo…con sílabas, palabras./ Palabras nada más, ayes, quejidos./ Qué oficio, hermanos míos, qué tarea./ Qué oficio tan humilde y ambicioso,/ qué meta inalcanzable,/ qué hermoso oficio/ para dejarse en él la vida entera” de Oficio de tinieblas). Los trescientos escalones suponen una encrucijada de senderos, algunos conducen a la realidad exterior –dolorosamente actual–: “Señor, qué vida la de algunos, tan escasa,/ tan reducida a una maceta/…/ y allá afuera, el gran supermercado,/ la abundancia, el exceso”; otros, constituyen un ejercicio de introspección, de mirada hacia adentro, para buscar asideros y arraigo en el disfrute de una tarde, de la música, de la hija, de los amigos, y en la memoria familiar (tremendo –y precioso, a la vez– el texto que dedica a la madre, El último mohicano;  
y enorme poema el que da título al libro, poema que rememora el exilio de su familia al estallar la Guerra Civil, y donde rinde tributo a la figura de su padre: Lorenzo Aguirre, pintor modernista y Jefe Superior de la policía de Madrid durante la República; ejecutado por el gobierno franquista en 1942). La lírica de este poemario es altamente eufónica, abundan las aliteraciones de líquidas y sibilantes. Además, el libro está salpicado de hallazgos sinestésicos (“Miré la música”, “córnea melodiosa”), metafóricos (“El corazón –un gong de sangre–”), simbólicos (“Se eleva el día como un mar apagado,/ una extensión de agua deprimida/ que roza las ventanas con una pobre espuma./…/ Qué día submarino se avecina”) y paradógicos (“Son un ejército de nunca apelmazada”). Paca Aguirre es uno de los poetas más importantes de su generación, de lectura imprescindible. Sus versos tienen mucho que decirnos.    

  

jueves, 2 de febrero de 2017

(Tras)lúcidas, reseñada por Francisco Díaz de Castro




El poeta y crítico literario Francisco Díaz de Castro publica en el Diario de Mallorca una estupenda reseña de la antología (Tras)lúcidas, en la que tengo el honor de estar incluida.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Reseñas de libros de Jorge Riechmann



El escritor al que más críticas literarias he dedicado en estos cinco años es Jorge Riechmann: poeta, ensayista, filósofo, profesor de Filosofía Moral en la Universidad Autónoma de Madrid, doctor en Ciencias Políticas, traductor y matemático. Toda una referencia ideológica y ética para mí, un gran ilustrado, un humanista imprescindible para iluminar el último cuarto del siglo XX y este primero del siglo XXI.

Os dejo mis reseñas de algunos de sus libros:

Poesía

Futuralgia. 2011. Aquí. 
El común de los mortales.  2011. Aquí
Poemas lisiados. 2012. Aquí.


Ensayo

Ahí es nada. 2013. Aquí.
El Siglo de la Gran Prueba. 2013. Aquí.
Peces fuera del agua. 2016. Aquí.


Os dejo también la crónica que el escritor y profesor Pablo López publicó en su blog sobre el recital conjunto que Jorge Riechmann y yo dimos en La Morada en enero del 2013. Aquí.

Y, por último, os dejo el bello epílogo que el poeta escribió para mi poemario Helio (La Garúa, 2014). Aquí.