martes, 20 de junio de 2017

En defensa de los animales

En defensa de los animales, Jorge Riechmann. Catarata. 2017. 272 páginas. 18 euros.
  

Titulaba Jorge Riechmann a uno de sus ensayos anteriores El siglo de la Gran Prueba (Baile del Sol, 2014), aludiendo al reto al que nos enfrentamos los seres humanos en esta centuria: la supervivencia de la especie y del tercer astro del sistema solar. En esta y otras obras, el célebre profesor de Estética Moral de la UAM alerta a sus conciudadanos del colapso civilizatorio al que nos encaminamos si no cambiamos de modelo económico, político, energético y social. Su último trabajo, En defensa de los animales, insiste en esa llamada de atención hacia nuestra responsabilidad individual y colectiva para afrontar con éxito esa prueba de la que dependemos tanto nosotros como todos los seres que pueblan el mundo. No obstante, lo hace de manera diferente. En esta ocasión, Riechmann ha elaborado una antología de textos del siglo III a C. hasta la actualidad que recogen aquellos valores que defiende: respeto, compasión, convivencia, acompañamiento, empatía, admiración y amor. Realizando un recorrido por la historia de nuestra relación con los reinos vegetal y animal (y de paso, por la historia del reconocimiento de nuestros derechos humanos), el poeta compila –hermosos y/o críticos– fragmentos que nos ilustran sobre cómo debemos actuar a día de hoy si queremos salvarnos. No faltan citas de la Biblia, Plutarco, El Corán, Montaige, Hume, Rousseau, Kant, Bentham, Salt, Schopenhauer, Thoreau, Singer, Zaniewski, Savater o Yourcenar, entre otras muchas obras y pensadores que recoge el volumen. Riechmann apela a que los humanos emprendamos políticas de la amistad, cuyo fin sea mantener y promover la vida. Ante el colapso eco-social que se nos viene encima, propone una “eco-sofía” (Bateson) que garantice la protección de la biosfera, de la que formamos parte como animales que somos. 
“Dominar no la naturaleza, sino la relación entre naturaleza y humanidad. Dominar nuestro dominio”, es el emblema de la obra. El día que aprendamos a poner coto a nuestras ambiciones, que colaboremos en beneficio de todas las especies de la Tierra, ese –utópico– día en que despertemos del sueño de la infinitud de los recursos naturales, del crecimiento exponencial, ese día –quizás– superemos la prueba que nos examina de nuestra supuesta inteligencia. Veremos.  

Esta reseña ha sido publicada por La Tormenta en un Vaso.

 

viernes, 16 de junio de 2017

Arañas de Marte

 Arañas de Marte, Guillem López. Valdemar. 2017. 256 páginas. 13,20 euros.


A un libro le pedimos muchas cosas: que nos entretenga, que nos haga pensar, que nos enfrente a nuestros miedos, que nos sacuda, que nos deleite por su estética, que nos acompañe, que nos alerte, que nos consuele, que nos rete. La última novela de narrador valenciano Guillem López (1975), Arañas de Marte (Valdemar), cumple dichos requisitos. Casi nada. El argumento es este: coincidiendo con el primer aniversario de la muerte de Joan, su hijo, Hanne sufre una crisis nerviosa a la que nosotros, los lectores, asistimos en tiempo real. La novela transcurre dentro de su mente. Un cerebro alterado por la tragedia. A partir de ese instante, del modo que la protagonista pierde pie sobre el concepto certeza, nosotros también. Su depresión la lleva a confundir recuerdos e invenciones, a dar por real la fantasía, a presagiar el pasado, a construir diferentes versiones de los hechos vividos por ella, el niño y Arnau, su esposo. López, en el fondo, dialoga con su libro con la amplia tradición literaria/cinematográfica que aborda el asunto del contraste entre la apariencia y la realidad (desde Calderón de la Barca, pasando por Unamuno, Philip K. Dick o las hermanas Wachowski). Por otro lado, el narrador se dirige al lector explícito, a lo largo de la obra, para compartir con él sus comentarios sobre varias parejas de binomios: cordura-enfermedad, realidad-ficción, seguridad-incertidumbre. Algunos son muy buenos: “Quizás un lunes por la mañana la realidad se trace con tiralíneas: despertador, café, ascensor, atasco, trabajo…y así siempre, cada día. Aunque en otra parte –porque siempre ocurre en otra parte–, la vida da un traspiés y todo se va a la mierda. Entonces, descubrimos que no somos más que un equilibrista chino que gira platos sobre varas y corre de una parte a otra del escenario. Si cae uno, caen todos” (p. 46).  
Arañas de Marte, es una gran novela para recordarnos que hay un peligro –invisible, aleatorio– que siempre nos acecha: la enfermedad mental. ¿Qué puede horrorizarnos más que asistir a la pérdida de identidad de un ser querido, que saber que toda nuestra vida compartida ha dejado de tener un espejo donde mirarse? No reconocerte en lo que quedas, o peor, ser consciente de que has dejado de ser quien fuiste, es la mayor historia de terror que uno pueda imaginarse. Guillem López ha escrito un libro muy bueno, laberíntico, contradictorio, lleno de vueltas de tuerca. Altamente recomendable.  

Esta re seña ha sido publicada por La Tormenta en un Vaso.
 

sábado, 10 de junio de 2017

Invasiones

Invasiones. Ismael M. Biurrun. Valdemar. 2017. 384 páginas. 14.50 euros.


Ismael M. Biurrun (1972) es, sin duda alguna, uno de los autores imprescindibles de la narrativa española actual. Y no me refiero a la novela de género, tan denostada y marginada en nuestro país. Quienes leen mis reseñas ya saben que llevo una década reivindicando que ciertos autores de la novela fantástica, gótica, prospectiva… están haciendo literatura de verdad, que publican libros de calidad exquisita, que poseen voces muy personales con las que muestran la vida desde ángulos insospechados, y cuyas historias –poderosamente atractivas– nos obligan a dar sorprendentes giros dramáticos. Me refiero a narradores que mezclan géneros, que no siguen los raíles de las convenciones ajenas, que gustan de exprimentar rutas originales, como Emilio Bueso, Jon Bilbao, Luis Manuel Ruiz, Roberto de Paz, Guillem López o el propio Ismael M. Biurrun. Este último ha publicado seis obras: Infierno nevado; Rojo alma, negro sombra (451); Mujer abrazada a un cuervo, El escondite de Grisha (ambas en Salto de Página), Un minuto antes de la oscuridad (Fantascy) e Invasiones (Valdemar). Su segunda novela le granjeó los premios Celsius y Nocte en 2009; la tercera, el Celsius en 2011. Mujer abrazada a un cuervo y El escondite de Grisha son dos novelas excepcionales, de las que se disfrutan y se releen porque gusta estar en ellas. Biurrun no ya sólo domina el ritmo del relato, sino que tiene un estilo primoroso, lírico, le encanta trabajar con las palabras y eso se nota, es un mago de la retórica y de la sugestión. Por otro lado, sabe crear personajes complejos y situaciones conflictivas que resuelve con soltura. Su última obra, Invasiones, supone un giro con respecto a estas premisas. En esta ocasión, Biurrun nos entrega tres novelas cortas en un solo volumen. Cada una nos ofrece una pesadilla distinta. La primera, Coronación, relata el asedio a Madrid de una plaga de langostas. La segunda, El color de la Tierra, describe cómo la superficie de Valencia se agriteta y la gente enloquece. La tercera, Nebulosa, narra una lucha milenaria entre microorganismos que atraviesan la atmósfera a lomos de un asteroide. En estas nouvelles, Biurrun prescinde de las marcas de la casa (lirismo, profundidad psicológica, fina caracterización de los personajes) en pos de la contundencia de un género más breve y condensado. En su lugar, se desliza hacia la narrativa de terror, con episodios realmente macabros, de los que te dejan con mal cuerpo y prefieres borrar de la imaginación acabada la lectura. La primera historia es muy buena (también la más cercana al estilo de Biurrun). A la plaga se suman varias crisis (afectivas, familiares, económicas) que arrinconan a los protagonistas en lo alto de una edificio de lujo de la capital. La amenaza que sufre el mundo externo sirve como caja de resonancia que amplifica los dramas íntimos de los personajes. 
La tercera, pese a lo gore o repulsivo de alguna escena, tiene un final sorprendente, perfecto. Biurrun es un novelista al que le gustan los retos. Invasiones es un libro arriesgado, demasiado escorado –en mi opinión– hacia un público muy específico, que, necesariamente, se deleitará con sus páginas. Más aún con esta bella edición en tapa dura de Valdemar. Por mi parte, yo ya estoy deseando que Ismael recupere sus señas de identidad. Mujer abrazada a un cuervo no es una buena novela de fantasía, sino una de las mejores obras publicadas en este país en lo que llevamos de siglo


Esta reseña ha sido publicada por La Tormenta en un Vaso.


jueves, 8 de junio de 2017

Presento mi nuevo libro en La Sombra



En noviembre de 2015 tuve el honor de representar a España -junto a Raquel Lanseros- en el "XXII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas" que tuvo lugar en Cereté (Colombia). Allí conocí a un elenco de autoras excepcionales, entre otras: Cindy Jiménez-Vera (Puerto Rico) y Jamila Medina Ríos (Cuba). Fruto de aquella experiencia inolvidable -donde participé en lecturas en institutos, biblioetcas, casas populares y donde impartí un taller sobre "Poesía y compromiso civil" dirigido a profesoras de secundaria y líderes locales-, nació la posibilidad de publicar mi nuevo poemario: Línea de flotación. El libro acaba de nacer en el Caribe. Lo edita Ediciones Aguadulce, y tengo el honor de que me lo prologue Jamila Medina.

Os dejo por aquí el lugar y hora de presentación:

El próximo lunes 26 de junio Ediciones Aguadulce (Puerto Rico) realizará una triple presentación, en la librería La Sombra, de sus últimos poemarios: Línea de flotación, de la escritora española Ariadna G. García; No lugar, de la poeta y editora puertorriqueña Cindy Jiménez-Vera; y La mecánica de Morfeo, del también antillano José Raúl Ubieta.

Se trata de una ocasión fantástica para conocer el trabajo de esta editorial independiente del Caribe, dirigida por la propia Cindy Jiménez-Vera. Además, tendremos el privilegio de contar con la presencia en Madrid de todos los autores.

Os esperamos.
 
 

miércoles, 7 de junio de 2017

Línea de flotación



Es para mí un placer anunciaros que mi nuevo libro de poemas, Línea de flotación, acaba de nacer en Puerto Rico, de la mano de Ediciones Aguadulce, un sello independiente boricua. En breve anuncio fecha y lugar de presentación. No puedo sentirme más emocionada y feliz. Vaya mi agradecimiento a un equipo maravilloso, en lo humano y en lo profesional.


martes, 6 de junio de 2017

Me crece la barba. Poemas para mayores y menores

 Me crece la barba. Poemas para mayores y menores, Gloria Fuertes. Edición de Paloma Porppeta, Reservoir Books, 2017. 260 páginas. 20 euros.



Yo estaba a punto de cumplir los tres años cuando cesó de emitirse en TVE el programa infantil Un globo, dos globos, tres globos. Apenas me acuerdo de la sintonía y de algunas imágenes. Pero crecí con La cometa blanca (1981-83), Mazapán (1984-85), El kiosko (1984-97) y La bola de cristal (1984-88). Qué tiempos. Es en el primero de estos programas donde escuché los versos de Gloria Fuertes. No sabía muy quién era. Pero aún recuerdo su voz y la gravedad con que nos recitaba sus textos a todos los niños españoles, como diciéndonos: la poesía es un género serio que, bajo su apariencia festiva, esconden verdades dolorosas, de las que nos rompen por dentro. No fue por ella, sin embargo, que empecé a escribir versos, sino por Samaniego e Iriarte. La parodia que Martes y Trece dedicó a la poeta la Navidad de 1985-86 dejó como recuerdo colectivo para toda una generación de infantes a un personaje irrisorio. Si la primera etiqueta que me colgaron de ella fue la de autora infantil, la segunda sería personaje cómico de la vida pública. En la carrera (Filología Hispánica) no hubo profesor alguno que nos la mentara. Mi afición a la poesía, primero, y un encargo editorial más tarde (Antología de la poesía española 1939-1975, Akal, 2003), sí me abrieron las puertas de su obra. Pero entonces le colgué la etiqueta que la crítica le había adjudicado: poeta postista. Y como tal la difundí cuando impartí clases de poesía contemporánea en la Universidad Complutense. Sin embargo, releída ahora gracias a la fuerza que está adquiriendo su centenario (homenajes de gran éxito de público en la sede del Instituto Cervantes y en la Casa de la Villa), veo que qualquiera de los rótulos con los que se ha venido etiquetando (poeta de los niños, autora postista) es insuficiente para dar cabida cuenta de la riqueza y complejidad de su quehacer poético. El libro que reseño, Me crece la barba (Reservoir Books, 2017), ha sido elaborado por Paloma Porppeta (presidenta de la Fundación Gloria Fuertes), quien, consciente de los corsés que han venido maniatando la recepción de la obra de la vate madrileña, ha seleccionado textos de diferentes épocas, registros, tonos, temas y perspectivas. El resultado es una antología desprejuiciada; magnífica ocasión para que los lectores se adentren en una obra inclasificable, versátil y escurridiza.
Junto a los vanguardistas juegos de palabras de quien ha superado todos los istmos (“vengo voceando,/buceando, mejor”) y el tono lúdico –irónico– de muchas de sus composiciones (“se dan casos, aunque nunca se dan casas”), Gloria Fuertes nos ofrece en sus versos una visión angustiada de la vida. Este segundo tono a veces se nos revela en perfectos alejandrinos no exentos de autocrítica, combinada con la denuncia social (“La vida no nos gusta y seguimos inertes/a lo mejor venimos para ser algo raro/y a lo peor nos vamos sin haber hecho nada” de Hay un dolor colgando; “y nos pisan el cuello y nadie se levanta”, de ¡Hago versos, señores!), en otras ocasiones nos hablan de la soledad de la autora (“Tengo que deciros…Que estoy sola”, “Desde este desierto de mi piso/amo en soledad a todos”), y son bastantes aquellos en que muestra su miedo a la muerte (Precioso el texto La vida es una hora, que transcribo íntegro: “Apenas te da tiempo a amarlo todo/ a verlo todo./La vida sabe a musgo,/sabe a poco la vida si no tienes/ más manos en las manos que te dieron./Al final escogemos un lugar peligroso,/un pretil, una vida/la punta de un puñal donde pasar la noche”). El tema político cruza sus poemarios de lado a lado, ya sea por medio de símbolos (“Me apunto al sol/porque no es de nadie/para ser de todos”), de metonimias (“No olvido/cuando rojos y negros/corríamos delante de los grises/poniéndoles verdes”) o de paranomasias (“Mi partido es la Paz./Yo soy su líder./No pido votos, pido botas para los descalzos/–que todavía hay muchos–“). Poeta de guardia, poeta del pueblo, Gloria Fuertes abrazó la idea de la solidaridad y defendió en sus versos la justicia social. El texto Nos perdamos el tiempo es un suerte de poética donde que deja muy claro el objetivo a perseguir por los poetas de España: “no decir lo íntimo, sino cantar al corro/no cantar a la luna, no cantar a la novia/…/Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso/gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo/debajo de las latas con lo puesto y aullando”. Esta voz, anclada en lo social, es hermana de la de Ángela Figuera Aymerich, otra poeta de los 50 que la crítica ha venido ignorando, y cuya obra y memoria –poco a poco– se están recuperando en la última década.
Fuertes nos ha dejado una obra cercana, realista, comprometida y verdadera. De estilo claro, dado a los juegos de palabras, encontró la manera de conectar con sus contemporáneos. Su voz es la de todos. Es la voz de los humildes, de los trabajadores, de los ninguneados, de los vilipendiados, de los que se hiceron a sí mismos en los años de posguerra. Mujer, lesbiana y escritora, su vida no fue fácil bajo la dictadura (“me salió una oficina/donde trabajo como si fuera tonta,/–pero Dios y el botones saben que no lo soy”–, de Nota biográfica). Sus poemas nos describen una doble Gloria: la secretaría de día, y la poeta de noche; la que sigue las normas, y la que se las cuestiona; la que finge delante de los otros, para no destacar, y la que se derrama tal cual es en sus composiciones; la contable, y la bohemia; la mujer exacta, responsable, y el ama de casa que ni se hace la cama ni limpia el polvo.
Revisada su obra, comprobamos que hay más de un Gloria Fuertes en sus libros. La mitad de su obra ha sido ignorada porque no convenía desencasillar a una mujer debidamente etiquetada y precintada. Siempre se ha controlado mejor a nuestro sexo atribuyéndole funciones esterotipadas: la crianza, la maternidad, los niños. Gloria estaba controlada, al margen del canon. Antes lo estuvieron otras: sor Juana Inés de la Cruz fue hostigada por escribir poemas hasta que se vio obligada a renegar, por escrito, de toda su obra. Ambas, unas rebeldes. Ambas, envasadas y exhibidas en estantes benignos: poesía amistosa, la mexicana; poesía infantil, la madrileña. Las dos vieron como sus atrevidas composiciones feministas (homoeróticas, en el caso de la monja; de denuncia social y de la falta de equidad entre sexos, en el caso de Fuertes –“Sé escribir, pero en mi pueblo/no dejan escribir  a las mujeres”–) fueron invisibilizadas o negadas. Por eso festejamos que en 2017, con motivo del centenario del nacimiento de la poeta de Lavapiés, se publique Me crece la barba, antología que da la oportunidad a los lectores de romper la barrera de los prejuicios y de acercarse a unos versos honestos, angustiados, juguetones y críticos, para valorar en su justa medida a una autora injustamente desvalorizada.    

 Esta reseña ha sido publicada por el blog La Tormenta en un Vaso.

lunes, 5 de junio de 2017

Homenaje a Jesús Munárriz. RNE



Aprovechando la publicación de su último libro de poemas, Los ritmos rojos del siglo en que nací. Un cuento triste, que reseño aquí, os dejo más abajo el homenaje que en 2010 La estación azul (RNE) rindió al poeta, editor y traductor Jesús Munárriz Peralta, en la Biblioteca Nacional, por motivo de su 70º cumpleaños. Participamos, entre otros, los poetas Luis Muñoz, Alejandro Céspedes, o yo misma. También intervinieron el cantautor Luis Eduardo Aute y el humorista gráfico "Forges". 

http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-estacion-azul/estacion-azul-fiesta-poesia-homenaje-munarriz-20-11-10/934387/


jueves, 1 de junio de 2017

Los ritmos rojos del siglo en que nací. Un cuento triste

Los ritmos rojos del siglo en que nací. Un cuento triste, Jesús Munárriz. Hiperión. 2017. 67 páginas. 10 euros.

Todo el mundo conoce al Jesús Munárriz (1940) editor y traductor. Hay un consenso unánime entre lectores y especialistas para reconocer la extraordinaria tarea, en pos de la difusión de la poesía española y extranjera, de Ediciones Hiperión. El catálogo del sello es espectacular, desde aquella primera traducción del Hiperión de Hölderlin, a cargo del propio Munárriz. El premio de la casa es, quizás –con permiso de Adonáis–, el más importante de cuantos se convocan anualmente para descubrir a los nuevos talentos de nuestra lírica. Por todo ello, la editorial que fundaran Jesús Munárriz y Maite Merodio allá por 1975 recibió en 2004 el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural. Más de mil títulos lo avalan. Pero resulta que Munárriz, además de lo expuesto, es uno de los poetas destacados de su promoción. De hecho, en 1994 ya aparecía su nombre en el libro de Anaya de COU (preparado por Vicente Tusón y Fernando Lázaro) bajo el membrete “Poesía desde 1970”. Por aquel entonces, sólo había publicado seis libros de poemas. Y no obstante, ya tenía su hueco dentro del canon. Poeta tardío, daría a la imprenta su primera obra, Viajes y estancias. De aquel amor me quedan estos versos, con treinta y cinco años. Con un par de libros publicados en la treintena, otro par en la cuarentena, y un trío en la década siguiente, su eclosión creativa tendría lugar cumplidos los sesenta, editando nada menos que once poemarios entre el 2000 y el 2009. A sus setenta años, el poeta vasco no sólo sigue en activo (entregando tres nuevas colecciones), sino que está demostrando una altura de miras y un compromiso político (ciudadano) que ya lo quisieran los autores bisoños. Los poetas somos buzos preparados para sumergirnos a distintas profundidades, por eso no es de extrañar que la obra de Jesús Munárriz concilie el tono amoroso con el satírico o el social. Cada tema cuenta, todos son necesarios. 
Su última entrega, Los ritmos rojos del siglo en que nací. Un cuento triste, no podría ser más actual. Y no me refiero a que su fecha de publicación coincida con el primer centenario de la Revolución Rusa. Me refiero a que las dudas que plantea el libro son oportunas hoy, en un momento histórico en que el socialismo europeo ha perdido su norte, y los nuevos partidos de izquierdas (integrados por facciones filocomunistas: Unidos Podemos, Syriza o el Partido de Izquierda en Francia) no terminan de convencer ni de encontrar su espacio. El libro nos presenta a un sujeto lírico preocupado por el futuro del mundo, una voz curtida que conoce la Historia y teme que pueda repetirse en el futuro. Este temor, por supuesto, no es explícito. Munárriz conoce su oficio. Se ha entrenado con los mejores púgiles del verso. Deja que sea el lector quien establezca las conexiones adecuadas entre el cuento que nos relata y el porvenir hacia el que avanzamos, si no viramos el rumbo –que no parece–. Cuando ves que tus desvelos y luchas de juventud por conseguir una democracia pueden caer en saco roto dos generaciones más tarde, no queda otro remedio que quejarse, que tratar de abrir los ojos a quienes no perciben el peligro por ningún lado: “deseo que no ocurra/lo que puede ocurrir y a todos amenaza”. Y de eso va el libro. Munárriz, a sus setenta y tres años, nos cuenta un cuento. Conocedor de la obra de León Felipe y de Victoriano Crémer, su relato no pretende disfrazar las taras del mundo ni edulcorarnos la vida. Al contrario, nos muestra nuestra historia más letal: la lucha de clases que asoló al siglo XX, el auge de los totalitarismos, la II Guerra Mundial, la guerra fría. 
Valiéndose de recursos sencillos (dicotomías cargadas de connotaciones semánticas: “explotadores”-“proletariado”/ “paraíso”-“apocalipsis”; símbolos: “relámpago”, “trueno” que connotan la fuerza de la revolución rusa;  enumeraciones: “fascismo, salazarismo, franquismo”; paralelismos: “se animaron los pobres, se asustaron los ricos”), Munárriz sintetiza en 700 versos la historia del fracaso de una humanidad que “vislumbró el paraíso/pero no fue capaz de conservarlo”. Entre las posibles causas: la ambición y el egoísmo. No obstante lo comentado, Los ritmos rojos del siglo en que nací. Un cuento triste, es algo más que un resumen por motivo del centenario de la revolución de los humildes por cambiar un sistema opresor. El último tramo del libro nos recuerda que “siguen gozando los provilegiados,/ siguen sufriendo los desposeídos”. 
La globalización (el trabajo barato, la deslocalización, el mercado internacional, el ecocidio –Jorge Riechmann dixit–) acentúa esta brecha social más aun si cabe. El riesgo de que nuevas revoluciones sean sofocadas con violencia existe. 
Pero no todo está perdido. Estos tiempos, “pueden ser un final,/pueden ser un principio”. Depende de nosotros. De nuestras decisiones colectivas. De lo que prioricemos (¿el consumo o el reparto?, ¿el individualismo o la solidaridad? ¿lo privado o lo público?). Jesús Munárriz se suma a las voces –imprescindibles– que llaman al cambio y alertan de las amenazas que nos acechan (Jorge Riechmann, Emilio Bueso, Ismael M. Biurrun, Antonio Turiel, Jorge Posada, Roberto de Paz o una que les escribe desde las páginas de su rompehielos).  “Sigue rodando el mundo, y los humanos/siguen sin aprender a disfrutarlo/en paz”. Y, tú, lector, que dices. ¿lo lograremos?   



          

sábado, 27 de mayo de 2017

Homenaje a Miguel Hernández



Mañana domingo 28, a las ocho de la tarde, tendrá lugar la lectura-homenaje a Miguel Hernández dentro de la actividades organizadas en el recinto de la Feria del Libro. Será en el Pabellón Bankia de Actividades Culturales (cerca de la Rosaleda) y contará con la lectura de Marta Agudo, Joan Andión, José Cereijo, Jordi Doce, Ariadna G. García, Aaarón García de la Peña, Enrique Gismero, José Luis José Luis Gómez Toré, Javier Lostalé, Pilar Martín Gila, Juan Carlos Mestre, Olga Muñoz Carrasco, Lilian Lilian Pallares, Esther Ramón, Rafael Soler y Julieta Valero. ¡Os esperamos! 


sábado, 20 de mayo de 2017

La partitura

La partitura. Mónica Rodríguez. Edelvives. 2017. 224 páginas. 9,90 euros.

  
En un primer momento, me llamó poderosamente la atención la cubierta del libro: su paisaje blanco, el tren de vapor prometiendo un viaje fabuloso por tierras ignotas. En un segundo instante, me cautivó su título, La partitura. En una época donde parece valorarse poco el tiempo dedicado a las composiciones de las obras, me interesó sumergirme en la ¿autobiografía? del protagonista del relato, en sus motivaciones creativas, en el tormento sentimental que lo llevó no sólo a componer sus sonatas y óperas, sino a modelar en la arcilla de sus manos la figura de la pianista más célebre de la mongolia soviética: Sayá. La novela, premio Alandar de Literatura Juvenil 2016, aborda unos asuntos que, en principio, parecen alejados de la narrativa destinada al público adolescente. Aborda sin tapujos el complejo de Edipo, la pederastia, el sexo, la infidelidad o la complejidad de las relaciones amorosas. Está claro que si nuestros jóvenes conocen por otros canales (las series de televisión, las películas que consumen a solas en sus móviles o ipads) los sórdidos y atormentados vínculos que empujan a unos cuerpos hacia otros, los escritores deben ofrecerles una visión real, pero adaptada, de ese mundo que tanto les fascina. En ese sentido, La partitura me ha asombrado muchísimo. Hay que temas que parecen tabú en la literatura adolescente, y yo creo que es mejor abordarlos -graduando la temperatura, elaborando una obra de calidad artística, poética, sutil- que ignorarlos y lanzar a nuestros chicos hacia una narrativa de nulo o escaso valor literario.

La novela sigue el patrón de las antiguas colecciones árabes de relatos. Nos encontramos hasta tres historias ensartadas. La primera se ofrece a modo de marco. La narradora escribe un texto a su novio para revelarle un secreto que ha venido guardando y para formularle una pregunta. Al tiempo que recuerda los comienzos de su propia relación, los baches que sortearon hasta estabilizarse, relata una segunda historia: la de Gandalf, uno de los ancianos de la residencia donde trabaja como auxiliar de enfermería. Aquí, a su vez, el viejo pianista se convierte en paranarrador, al transcribir la joven el diario que aquel guardaba para no olvidarse de sí mismo, para justificarse, para que le entendieran, para conservar las emociones que le había sumistrado tu agitada existencia, para recordar a su discípula: Sayá.

 Quizás lo mejor del libro sea el concienzudo análisis de la psicología de un alma torturada, insatisfecha, que vive a la intemperie de su falta de arraigo, el alma de Gandalf: Daniel Faura Oygon. Nacido en España, de madre rusa a la que pierde siendo adolescente, Daniel tratará de dar un sentido a su vida refugiándose en la composición de partituras y en la tierra natal de su progenitora. Será en Mongolia donde el joven pianista descubra el talento innato para la música de una niña criada entre caballos y estepas nevadas, por la que sentirá un impulso erótico que tratará de frenar. Mónica Rodríguez reflexiona en su libro sobre los límites del amor, sobre la distinción entre amor y obsesión, sobre el anclaje del arte en el dolor humano, sobre la oscuridad de las pasiones, sobre el contraste entre vida y recuerdo, sobre la necesidad –o no– de dar a conocer al mundo obras maestras de las que se desentendieron sus autores, sobre la distinción entre amar a una persona o maltratarla.

Escrito con un prosa cuidada y lírica, La partitura es una novela no ya para un público adolescente, sino para cualquier lector al que le gusten las buenas historias.    

Esta reseña ha sido publicada por La Tormenta en un vaso.
    

miércoles, 17 de mayo de 2017

Día contra la homofobia



Se me ocurren muchas maneras de luchar contra la homofobia. Como docente, la combato en las aulas inculcando valores a mis alumnos; no hay mejor arma que la educación. Como homosexual, lucho contra ella siendo yo misma, sin máscaras tras las que ocultarme por miedo a los demás. Como esposa y madre, afirmando ante el mundo la presencia en él de mi familia, luchando por nuestros derechos y exigiéndolos. Como escritora, creando textos como los que siguen:

"Imán": http://ariadnaggarcia.blogspot.com.es/2014/03/iman.html
"La venda púrpura": http://ariadnaggarcia.blogspot.com.es/2013/06/la-venda-purpura.html
"Irak": http://institucional.us.es/estacion/wp-content/uploads/10.pdf



 

martes, 16 de mayo de 2017

1916



La editorial Polibea acaba de publicar el primer número de la revista 1916, destinada a recoger anualmente las novedades de las diferentes colecciones del sello: El levitador (poesía española actual), La espada en el ágata (prosa), Orlando versiones (traducción) y la recientemente creada Toda la noche se oyeron... (joven poesía hispanoamericana). Además de publicitar los títulos, la revista publica los prólogos que anteceden a todas las obras, (marca indispensable de la casa), así como poemas y fragmentos de los libros. Quien quiera estar al tanto de la mejor poesía independiente en lengua española, tendrá en 1916 una ocasión estupenda para conocer a las autoras/es menos convencionales del paronama lírico a través de sus voces y de las miradas (interpretaciones) de ojos experimentados.



sábado, 13 de mayo de 2017

Estación Poesía



El pasado 19 de abril se presentó en el Auditorio Cicus de la Universidad de Sevilla el número 10 de la revista Estación Poesía, que publica el Centro de Iniciativas Culturales de la propia universidad y que dirige el poeta y traductor Antonio Rivero Taravillo. 

Los poetas que participamos somos: Óscar Hann, Antonio Deltoro, Rarael Courtoisie, Antonio Enrique, Hugo Mujica, Ángel Guinda, Elsa Cross, Jaime Jaramillo, Julio Trujillo, Eduardo del Campo, Daría Jaramillo, Francisco Javier Irazoki, Nuno Júdice, José A. Ramírez, Eduardo Hurtado, Rafael-José Díaz, Irma Brook, Rodrigo Guerínez, Martín López-Vega, Javier Almuzara, Antonio Méndez Rubio, Ariadna G. García, Pelayo Fuero, Luis Muñoz, Antonio Lucas, José Luis Rodríguez, Joaquín Márquez, Gerardo Markuleta, María A. R., Boris A. Novak, Ropaz Hemon, Ramón Eder, José Manuel García Gil, Gabriel Insausti, Valeria Correa, Gonzalo Gragera, Lutgardo García y Víctor Peña Dacosta.

La revista puede leerse aquí: http://institucional.us.es/estacion/wp-content/uploads/10.pdf


viernes, 12 de mayo de 2017

Homenaje a Gloria Fuertes



El próximo domingo, 14 de mayo, se celebrará la lectura continuada de poemas de GLORIA FUERTES en el Centro de la Villa de la plaza de Colón. Comenzará con la lectura de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, a las 12,30 horas y durará hasta las ocho de la tarde. Entre otros poetas intervendrán Miguel Losada, Verónica Aranda o José Cereijo. Yo participaré a las 13:00.

Os esperamos.


jueves, 11 de mayo de 2017

Depresión tropical


 Depresión tropical. Jorge Posada. Polibea. 2017. 74 páginas.


¿Cómo evocar el desasosiego, la angustia que te provoca tu país de origen? ¿Cómo hacer que el lector perciba la violencia que tú sientes al hablar de tu tierra y tus compatriotas? El poeta mexicano Jorge Posada (1980) recurre a varios recursos en su último poemario, Depresión tropical, que se acaba de publicar en España: omisión de los signos de puntuación, fragmentación del texto, yuxtaposión de imágenes –a menudo violentas: “los soldados detienen a una familia de migrantes/ejecutan a los niños”–, elipsis, ironía, un léxico escatológico (“heces”, “babas”, “bilis”) o metáforas animalizadoras de sema negativo. Los temas que aborda el autor van del recuerdo de la –dura– infancia y las penalidades familiares, a la desafección de la ciudadanía respecto a los indigentes que malviven en México DF, pasando por el vaticinio del colapso energético y el fin de nuestra civilización, la violencia machista o el amargo –e irónico– contrastre entre el Jorge Posada que jugaba al béisbol con los Yankees de Nueva York (un triunfador nato) y el sujeto lírico de los textos, de nombre homónimo: despistado, cobarde, poco cuidadoso, torpe y hasta maloliente. En apenas un lustro, el autor mexicano se ha hecho un merecido hueco tanto en el panorama poético americano como en el español, prueba son los lugares de edición de sus poemarios: Costa sin mar, UAM, México, 2012; Adiós a Croacia, Zindo&Gafuri, Argentina, 2012; La belleza son los aeropuertos vacíos, Liliputienses, España, 2013; Canciones de la dependencia sexual, Bongo Books, Cuba, 2014; Desglace, Aguadulce, Puerto Rico, 2014, 2ªed. 2016; Vallas de publicidad, El humo, México, 2015; Habitar un país es llenar de tierra una piscina, Liliputienses, España, 2016; y Depresión tropical, Polibea, España, 2017. No es esta mala ocasión para reconocer el ingente trabajo que realizan las dos editoriales españolas citadas en su afán por difundir a los poetas de ultramar.

Aquí un poema de su último libro:

el 86% de personas
en este autobús
fueron un casi bailarín
un casi médico
un casi actor
pero se lesionaron
la universidad cerró
la enfermedad de sus padres
de sus hijos
el 11% permanece
en una placenta
de estímulos religiosos
o monetarios
del resto no se tienen
datos precisos


miércoles, 10 de mayo de 2017

Obra completa. 1. Poesía. Bishop

 
Poesía, Elizabeth Bishop. Vaso Roto. Traducción de Jeannette L. Clariond. 2016. 592 páginas. 29 euros.


La obra poética de Elizabeth Bishop llama la atención por varias razones. La primera de ellas tiene que ver con el tempo de publicación de sus libros. La autora norteamericana publicó solamente cuatro libros en vida. Uno cada década. Se trata de un escritora meticulosa y detallista, ajena a las velocidades que alcanzaban otros, inmersa en su propia creación, sin mirar ni a un lado –la crítica– ni a otro –los lectores–. Su paso era lento, pero seguro. Un paso firme, siempre bien pensado. Tanto es así, que cada libro le reportó uno o varios premios de reconocido prestigio: Norte y Sur (1946), el Houghton Mifflin y el Pulitzer; Una fría primavera (1955), el National Book Award y el National Book Critics Circle Award; Cuestiones de viaje (1965), no cosechó ninguno; y Geografía III (1976), el Neustadt International Prize for Literature, que la consagraría a nivel mundial. Esta morosidad editorial la encuentro muy relacionada con su propia escritura. Elizabeth Bishop es una escritora de poema rocoso, de verso contundente, de lectura difícil. Cada texto exige un alto grado de concentración a sus lectores. Su lectura agota. También reconforta. Bishop es, ante todo, una estupenda descriptora de paisajes. Sus versos rinden homenaje a su tierra de adopción (Florida), pero también revelan el deterioro de los lugares de su infancia (La aldea de los pescadores) o tienen un valor simbólico de pérdida y/o esperanza (Cabo Bretón, donde la autora dibuja el paisaje desolado de Nueva Escocia: sus glaciares, nieblas y acantilados, sus escuelas cerradas, sus carreteras abandonadas, y donde de pronto, un padre que sostiene a un bebé se apea de un pequeño autobús y se adentra en su casa junto al mar). Además de estos lienzos verbales, enmarcados en la naturaleza, Elizabeth Bishop tiene una aguda mirada social de tipo urbano, caso del espléndido Estación de servicio (aquí la autora pinta a los hijos “grasientos”, “sucios” del propietario de la gasolinera; la familia vive en una contrucción de cemento tras los surtidores, y cuando el panorama no puede ser más descorazonador, una serie de símbolos –una begonia, un mantel bordado– nos evocan una presencia femenina protectora, vigilante de la comodidad de la familia: “Alguien nos ama a todos”, concluye el texto). En otras ocasiones, la descripción de un entorno doméstico, de un espacio civil, plantea hondos dilemas a los protagonistas de los textos. Me refiero al poema En la sala de espera, donde la autora recuerda –a través de un monólogo interior– una experiencia de cuando apenas tenía siete años. El poema En la sala de espera nos descubre a la niña que fue leyendo un ejemplar del National Geographic y preguntándose sobre conceptos como los de identidad, raza o género. (Imposible no relacionar esta temprana conciencia de pertenencia a un grupo –“Tú eres uno de ellos”, “¿qué similitudes nos mantenían unidos a todos?–, con la novela Frankie y la boda, de Carson McCullers, donde la pequeña protagonista también se interroga sobre el concepto de comunidad humana: “Toda esa gente, y tú no tienes idea de qué es lo que les junta. Debe de haber alguna razón, alguna conexión, y sin embargo, no se me ocurre cómo nombrarla”.) 


Elizabeth Bishop, que se crió con sus abuelos en Nueva Escocia, nos brinda algún poema-recordatorio de las viejas lecciones aprendidas de sus mayores (Modales: “Siempre ofrece subir al coche a todo el mundo;/no lo olvides cuando seas mayor). Su obra, racional, hermética, no tiene concesiones emotivas; es puro granito, perfección formal. Y sin embargo, atrapa. Al menos, aquellos poemas más apegados a un recuerdo. Aquí humean los rescoldos de la emoción: “La vida y el recuerdo de ésta, ilegibles,/borrosos, pero cuán vivos, cuán entrañables, al detalle” (Poema). Sorprende, no obstante, el escaso número de textos amorosos, cuando la vida sentimental de la autora sufrió hondas decepciones y su relación con la arquitecta brasileña Lota de Macedo Soares acabó con el suicidio de ésta. Por otro lado, la traducción es muy buena. Exacta. Prescinde de las rimas en pos de la contundencia del mensaje. El volumen, bilingüe, incluye notas y un apéndice con manuscritos inéditos fotografiados. Quien lea este imprescindible libro debe hacerlo despacio. Debe saborearlo a sorbos. Exige paladares selectos. Bishop no es una Coca-cola, es un Domaine de la Romanée-Conti, un caldo de Borgoña.            
   
Esta reseña ha sido publicada por La tormenta en un vaso.
 

lunes, 8 de mayo de 2017

Vuelavoz

 
Vuelavoz, Álvaro Tato. Hiperión. 87 páginas. 2017. 11 euros.


Uno de nuestros poetas más singulares, de los que tiene una voz propia y reconocible, es Álvaro Tato. Su último libro de poemas prosigue la senda por la que se aventuró en 2011 con Gira, obra excepcional por la que obtuvo el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández. En aquellos poemas, Álvaro se desprendía del culturalismo de sus primeros títulos, de sus piruetas métricas, del caparazón bajo el que se ocultaba, para adentrarse en sí mismo, inspeccionar su fondo con honestidad y compartir su mundo con nosotros. Con un estilo de línea clara, minimalista y evocador, el poeta nos hablaba –decantándose por el heptasílabo– del paso del tiempo, la muerte, el viaje interior y de la necesidad de vivir el momento. Su nueva obra, Vuelavoz, insiste en estos temas, sólo que ahora lo hace en un moderno diálogo con nuestra tradición lírica oral. Este conocimiento de la poesía popular dota a Álvaro de solvencia para entregarnos un libro fresco muy bien armado, que suena conocido pero reconocemos como nuevo. Que nadie olvide que el poeta, además de filólogo, es autor de versiones para la Compañía Nacional de Teatro Clásico (El alcalde de Zalamea y El perro del hortelano), además de alma mater de la compañía teatral Ron Lalá, con la que ha estrenado, entre otras, las obras En un lugar de El Quijote y Cervantina, coproducidas por la CNTC. Álvaro no sólo conoce la historia de la literatura, sino que la encarna, la vive desde dentro. Lo mismo que Cervantes, Lope o Calderón mezcla en sus textos caudales procedentes de la lírica tradicional y de la culta. Y lo hace con ingenio, con humor y hasta con contundencia lapidaria (“Duras un sueño;/te dan el don/de hacerlo cierto”, de Amanecer). El libro se estructura en cinco partes. La primera, decía, aborda los tópicos clásicos del tempus fugit y el carpe diem, pero los trata utilizando los recursos de la poesía popular: estribillos, repeticiones, paralelismos, pies quebrados o rimas asonantes (“Quien tiene alas/mira el abismo/y ve un camino” de Silvida). La segunda (“Menteoros”) recoge poemas muy breves, de apenas dos versos; fugaces e impactantes: “Rato de vida,/ hazte mi casa”, “Asombro,/¡arre!”. La tercera se centra en el amor, en el erotismo, a modo de refugio contra nuestra contengencia y caducidad. Álvaro Tato juega a construir poemas con pareados, con definiciones vanguardistas (irracionales, “Tus manos/incendios de cristal”), o con versos trisílabos. La penúltima sección glosa cancioncillas del siglo XIV. La última, que trata de distintas materias, nos ofrece la clave de la poética de su autor: “Nuestra voz se derrama/ por los demás/…/baña el campo del tiempo,/ salta de vidas/ a vidas, se agazapa en el silencio/ y nos vuelve a la boca/ bajo palabra/ de seguir dando luz a nuestra sombra” (de Tradición). La ilustración de la cubierta no podía ser más coherente con el libro: un pez-pájaro de dos mil años de antigüedad que ha llegado a nosotros porque se ha mantenido dentro de una gota de ámbar (la cubierta dorada del volumen); la palabra también trasciende el tiempo, los motivos y metros populares perviven a través de Álvaro Tato. 

Es curioso que uno de los rasgos más característcos de nuestra literatura áurea (aúrea porque no tiene parangón con ninguna otra etapa de nuestras letras, supone la cumbre de la lírica nacional, y hasta de la europea), la convivencia de diferentes tonos, registros y miradas en las obras de un mismo –y cultivado– poeta, se haya perdido en la lírica del siglo XXI. Aquella riqueza que encontramos, por ejemplo, en Góngora, Quevedo o sor Juana Inés (autores cultos y populares, humorísticos y graves, sencillos y herméticos) ha dado lugar a la voz monocorde que impera hoy. Menos mal que aún quedan escritores con un amplio bagaje cultural que siguen innovando del único modo posible: bebiendo de la fuente Castalia.   



domingo, 30 de abril de 2017

Lectura de poemas: biblioteca Eugenio Trías. Retiro. Jueves 4 de mayo



CICLO DE RECITALES
“POESÍA EN LA BIBLIOTECA, 2”

20 de abril, 19 h.: Laura Casielles
27 de abril, 19 h.: Jorge Riechmann
4 de mayo, 19 h.: Ariadna G. García
11 de mayo, 19 h.: José Teruel

Lugar: Biblioteca Pública Municipal “Eugenio Trías”
(Antigua Casa de Fieras, Parque de El Retiro, Madrid)

Organizan:

Fundación Gerardo Diego
Biblioteca Pública Municipal “Eugenio Trías” 
Biblioteca Pública Municipal “Gerardo Diego – Vallecas Villa”


LAURA CASIELLES nació en Pola de Siero (Asturias) en 1986. Es autora de los libros de poemas Soldado que huye (Hesperya, 2008), Los idiomas comunes (Hiperión, 2010;  XIII Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal y  Premio Nacional de Literatura en su modalidad Poesía Joven «Miguel Hernández» 2011) y Las señales que hacemos en los mapas (Libros de la Herida, 2014). Poemas y relatos suyos han sido publicados en diversos libros colectivos, antologías y revistas; y realiza traducciones del francés. Es licenciada en periodismo y en filosofía, y máster en estudios árabes e islámicos contemporáneos. En la actualidad vive en Madrid. Se le puede seguir en los blogs “www.trespiesdelgato.com” y “www.expressdelgato.tumblr.com”.


JORGE RIECHMANN (Madrid, 1962) es poeta, traductor literario, ensayista y profesor titular de filosofía moral en la Universidad Autónoma de Madrid. Un primer tramo de su poesía, de 1979 a 2000, está reunido en Futuralgia (Calambur, 2011). Una segunda entrega –de 1993 a 2007— se ha publicado como Entreser (Monte Ávila, Caracas 2013). Otros libros de poemas recientes son Conversaciones entre alquimistas (Tusquets, 2007), Rengo Wrongo (DVD, 2008), Pablo Neruda y una familia de lobos (Creática eds., 2010), El común de los mortales (Tusquets, 2011), Poemas lisiados (La Oveja Roja, 2011), Historias del señor W. (Eds. de la Baragaña 2014) e Himnos craquelados (Calambur 2015). Es autor de una treintena de ensayos (en solitario o en colaboración) sobre cuestiones de ecología política y pensamiento ecológico. Ha traducido extensamente a poetas como René Char y dramaturgos como Heiner Müller. Escribe regularmente en su blog: “http://tratarde.org”. Cuenta de Twitter: @JorgeRiechmann


ARIADNA G. GARCÍA (1977) es licenciada en Filología Hispánica y está en posesión del DEA. Vive en Madrid, donde obtuvo una Beca de Creación en la Residencia de Estudiantes. Ha publicado libros de poemas Construyéndome en ti (1997), Napalm (Hiperión, 2001), Apátrida (Hiperión, 2005), La Guerra de Invierno (Hiperión, 2013), Helio (La Garúa, 2014) y Las noches de Ugglebo (Diputación de Granada, 2016), además de la novela Inercia (Baile del Sol, 2014). Ha ganado los premios Hiperión, Arte Joven de la Comunidad de Madrid, Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana y El Príncipe Preguntón. También ha preparado la edición de las antologías Veinticinco poetas españoles jóvenes (en colaboración con Guillermo López Gallego y Álvaro Tato. Hiperión, 2ªed. 2006), Antología de la poesía española (1939-1975) (Akal, 2006) y Poesía española de los Siglos de Oro (Akal, 2009). Ha traducido (en colaboración con Ruth Guajardo) el libro Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos, del escritor Ray Bradbury (Salto de Página, 2013). Ha colaborado con SM es la elaboración de los libros de texto de Lengua y Literatura para 3º y 4º de la ESO (2015 y 2016). Desde hace una década ejerce la crítica literaria en diferentes medios. Dirige un blog El rompehielos. En 2014, la revista Adarve (Universidad de Jaén) dedicó un artículo al conjunto de su obra.

JOSÉ TERUEL es profesor Titular de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido Visiting Professor en las universidades norteamericanas de Duke University y Middlebury College. Entre sus publicaciones destacan los libros La joven poesía española del medio siglo (1992), Otro marco teórico para el medio siglo: la poesía de Miguel Fernández (2000), El trampolín y el atleta. Un estudio sobre “Los placeres prohibidos” (2002) y Los años norteamericanos de Luis Cernuda (2013), con el que obtuvo el XII Premio Internacional «Gerardo Diego» de Investigación Literaria. Ha preparado las ediciones de Cinco lecturas de Luis Cernuda en su centenario (Fundación Federico García Lorca, 2002), Poesía española. Antologías de Gerardo Diego (Cátedra, 2007), Tirando del hilo de Carmen Martín Gaite (Siruela, 2006), Un lugar llamado Carmen Martín Gaite (Siruela, 2014) y la Correspondencia inédita entre esta autora y Juan Benet (Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 2011). Dirige actualmente la edición de las Obras completas de Carmen Martín Gaite en siete volúmenes para Espasa / Círculo de Lectores y el proyecto I+D «Epistolarios, memorias, diarios y otros géneros autobiográficos en la cultura española del medio siglo». Es también autor de los libros de poesía Como jamás cuerpo de amado (1992) y La soledad de los nombres (2000).


miércoles, 26 de abril de 2017

Me traducen al árabe



Arabia Saudí es un reino que pone limitaciones legales y sociales a las mujeres, un país ultraconservador donde nosotras, por ejemplo, no podemos conducir. Según la ONU, es el estado más misógino del mundo. Por todo esto, la antología que acaba de publicar en su capital el hispanista irakí Abdul Hadi Sadoun, es un acto de valentía sin parangón, es una rebelión dirigida a las mujeres del desierto para que conozcan qué otras realidades vivimos las mujeres nacidas en España, representadas por 66 poetas, entre las que tengo el honor de constar. La elegencia del agua que resbala entre los dedos es un libro inaudito llamado a despertar conciencias, a abrir los goznes por donde entre la luz que barra las tinieblas del burka, de las habitaciones separadas, de la falta de representación institucional, del miedo, del sentimiento de culpa, o del tormento interior de miles de mujeres. Desde aquí, quiero agradecer al poeta y editor Abdul Hadi Sadoun no ya sólo mi inclusión en el volumen -junto a autoras como Ángela Figuera, Gloria Fuertes, Clara Janés, Ana Rosseti, Ángeles Mora, Blanca Andreu o Miriam Reyes- sino su desafío a un régimen que nos invisibiliza y golpea. El mundo cambia cuando las personas asumen riesgos y ofrecen una visión distinta de las cosas. Quién sabe si esta piedra lírica que ha puesto sobre la arena La elegancia del agua que resbala entre los dedos, no es una piedra más sobre las que se ha de levantar una nueva -y democrática- Arabia Saudí.