martes, 19 de septiembre de 2017

Limbo

Limbo, Melania G. Mazzucco. Premio Elsa Morante. Traducción de Xavier González Rovira. Anagrama. 2014. 496 páginas. 22,90 euros.


En octubre de 2010 murieron cuatro soldados italianos en una emboscada en el valle de Gulistan, provincia de Farah. Los cinco militares iban a bordo de un Lince, que saltó por los aires. Su blindado formaba parte de un convoy que realizaba una misión de escolta a camiones civiles. Pertenecían al 7º regimiento Alpino (tropas de montaña). Sobrevivió un soldado, que quedó en estado muy grave. Aquel atentado conmocionó a Italia. Se alzaron voces críticas contra la presencia de su ejército en Afganistán. Que yo sepa, ha inspirado dos novelas extraordinarias a otros tantos escritores del país comunitario: El cuerpo humano, de Paolo Giordano; y Limbo, de Melania G. Mazzucco. Amba fueron publicadas en 2012.

El narrador turinés divide su obra en dos partes. “Experiencias en el desierto” aborda las pequeñas misiones y tareas encomendadas a los soldados (adiestramiento de la policía afgana, construcción de una lavandería, prácticas de tiro, limpieza de la base), nos relata los problemas y peligros a los que deben hacer frente (ataques, tormentas de arena, intoxicaciones…) y nos presenta a unos personajes creíbles, muy bien caracterizados. El miedo, la culpa, los nervios o el insomnio son algunos de los sentimientos y de las reacciones físicas que los reclutan y los oficiales padecen a diario. Entre ellos destaca el teniente Egitto –hombre al que sus compañeros consideran equilibrado y meticuloso, pero que en realidad oculta con antidepresivos un hondo desarraigo familiar–, cuyo relato autobiográfico supone una de las cimas de la novela. Además, a través de conversaciones de chat y del intercambio de e-mails, tenemos acceso a la interioridad de otros personajes y a su modo de encarar, en la distancia, sus relaciones íntimas. 
En esa convivencia, los soldados –con independencia de su graduación– se despojan de su pudor y asumen como propio el cuerpo ajeno. La desnudez, el deporte, la obsesión por el sexo y la disentería los convierte en un cuerpo indisoluble. La segunda parte del libro, “El valle de las rosas”, relata la misión de escolta que el contingente militar realiza fuera de la burbuja de seguridad de la base. La introspección psicológica y las pequeñas aventuras que forman parte de la vida ordinaria de un soldado ceden paso a un angustioso episodio de narrativa bélica, de terribles y graves consecuencias para la tropa.

La narradora romana mezcla en Limbo la emboscada que tuvo lugar en 2010 con los atentados suicidas que venían sufriendo las tropas italianas desde 2009 (desde 2003 si llevamos el escenario en Irak). Así, tenemos en el libro dos ataques distintos, y una superviviente, pero no de la columna de blindados que cruzaban el desierto, sino del atentado que tuvo lugar en una base aliada.

Limbo es una novela magnífica que alterna dos tiempos. El presente, en tercera persona, donde la mariscal Manuel Paris regresa a su pueblo para recuperarse de las heridas –físicas y emocionales– que le produjo el atentado; y el pasado, narrado por la propia protagonista a petición de su psiquiatra militar con el fin de que encar sus traumas y sanarse. Si la línea Live sigue el orden cronológico de un año; la segunda trama, Homework, supone un extenso flashback aleatorio, donde la comandante relata en desorden sus recuerdos (llegada a Afganistán, infancia, misiones, retrato de los compañeros caídos, oposiciones para entrar en la academia de Módena…), según lo necesita o va adquiriendo fuerza para hacerlo (el atentado, de hecho, no lo cuenta ella, sino la narradora).

Ambas líneas se complementan para caracterizar a Manuela Paris, para hacernos creíble el personaje, para comprenderlo. Si el atractivo de los homework descansa en las portentosas descripciones de Afganistán, o en el relato del periplo que recorrió la joven estudiante de turismo hasta lograr su sueño de ingresar en la brigada alpina; no menos interesantes son las secciones live, donde la narradora ancla al personaje en su contexto familiar, en su vida privada (aquí Mazzucco introduce un gancho sentimental que seduce a los lectores: el romance que mantienen Paris y Mattia, un hombre sin pasado que vive en el hotel frente a su casa, y cuya biografía se conoce al final, gracias a unas cartas).

Melania G. Mazzucco retoma en su novela motivos que la caracterizan: el destino aciago que zarandea a los protagonistas, el futuro abolido, personajes tensados hasta el límite de su capacidad de resistencia, la fuerza de los personajes femeninos, la defensa de ideales, la larga –e injusta– espera del regreso de la vida a su cauce (de ahí el tútulo de la obra, Limbo), el amor hacia la arquitectura italiana, o el sentimiento de rechazo que sienten aquellos que no encajan dentro de un sistema (no apto es un sintagma recurrente en sus libros). Además, como decía, simultanea tiempos, desordena la cronología, niega constantemente las expectativas de los lectores, contrapone miradas y abre planos.

Su lectura es una delicia. La traducción, muy buena. Lógicamente, en un libro de 500 páginas hay pasajes menos logrados que otros, de lectura más árida, pero Limbo tiene la virtud de llevarnos a Farah y Ladíspoli merced a su estilo minucioso, a una prosa atenta a los detalles, y a un excelente trabajo de documentación.    



lunes, 11 de septiembre de 2017

El reino de las tres lunas

 El reino de las tres lunas. Fernando J. López. Loqueleo. 144 páginas. 2016. 9´22 euros.

A una novela dirigida a lectores de doce años se le puede exigir muchas cosas: acción, sorpresa, ritmo… pero si sólo se quedase en un producto de entretenimiento, se quedaría a medias, como un cuadro sin acabar. A este tipo de obras hay que darles brochazos de ideas y, sobre todo, pinceladas de valores. Fernando J. López maneja con perfección esa mezcla de trazo grueso y fino para pintar un lienzo ambicioso –ideológicamente–. El reino de las tres lunas es un libro de búsqueda. Malkiel, el príncipe heredero, trata de encontrarse a sí mismo antes de cumplir los dieciséis años y de heredar el trono; además, persigue la respuesta que le aclare la muerte de su madre siendo un niño. En su viaje por el reino y por dentro de sí mismo le acompañan otros jóvenes de infancia no menos turbulenta. Todos han crecido a la sombra de la tiranía con que Alcestes, inquisidor general, ha manejado los hilos del reino. Y es que, debido a su presión, el rey ha ordenado la desaparición de la música y de la poesía en sus posesiones. En lugar de fantasía, campa el miedo; la imaginación ha sido desterrada por la censura. No obstante, el príncipe, sus amigas y un grupo de rebeldes trovadores tienen una semana de plazo para cambiar las cosas.

La novela, breve, parece escrita con tiralíneas. La estructura es perfecta. No faltan los enfrentamientos de emociones, los secretos, las revelaciones inesperadas, las intrigas o las amenazas. En la trastienda vemos pasajes de películas que han podido influir (desde Cómo entrenar a tu dragón a Shrek). La información se dosifica con ingenio y los diálogos son muy buenos. Quizás se echa en falta un poco más de ambientación (¿cómo es el reino?, ¿cómo son sus mercados, sus bosques?). Pero si bien es cierto que la novela pide algo más de desarrollo, también es verdad que su estilo cuidado –directo– y su ritmo trepidante –ya sea por la colisión de caracteres o por la sucesión de aventuras– son dos fantásticos motivos para leerla. De hecho, es muy recomendable en los tiempos que corren. Fernando, además de novelista y dramaturgo, es profesor de secundaria y sabe qué tuercas apretar para que se ponga en funcionamiento la capacidad crítica de los estudiantes, esas niñas y niños que en breve serán las mujeres y hombres del futuro.

En definitiva, El reino de las tres lunas es un canto al poder del arte y a su función social (“necesitamos que la gente sepa lo que está pasando”), encarnado en un grupo de proscritos muy necesarios hoy (“Cantemos y salgamos de esta cárcel convertidos en lo que somos: poetas”).  


Podéis leer aquí mi reseña de su última novela juvenil, Los nombres del fuego: 

jueves, 7 de septiembre de 2017

Eres como eres


Eres como eres, Melania G. Mazzucco. Traducción de Xavier González Rovira. Anagrama. 228 páginas. 17,90 euros.


Una de las cosas con las que más disfrutamos los críticos literarios es con la oportunidad que tenemos de dar a conocer, de visibilizar, a autores y obras que, por unas razones u otras, no han tenido la difusión que merecen en nuestro país. Y en un momento literario en que abundan las novelas bien escritas pero insulsas, incluso bien estructuradas pero que carecen de alma, de corazón, de vísceras, esta ocasión de hablar por extenso de un libro que ha pasado de puntillas por los escaparates de nuestras librerías se convierte en un acto de reivindicación de una narrativa que recupere el gusto por contar historias, por construir personajes redondos, por defender valores, por hacernos cuestionar nuestro mundo y por criticar las costumbres nocivas. Porque la literatura, entre otros fines, sirve para eso: para mejorar la convivencia cuando está minada por los prejuicios, para exportar modelos con los que nos recozcamos, para proponer soluciones que nos permitan avanzar en la dirección correcta. Todo esto lo encontramos en Eres como eres, la última novela de una escritora italiana comprometida con su país, con su tiempo, y que posee unas dotes narrativas que la convierten en una autora excepcional.

Eres como eres está protagonizada por dos personajes extraordinariamente bien descritos y definidos, en las antípodas el uno del otro. Eva y Giose. Hija y padre. Ella es una cría de doce años a la que el destino primero (el accidente en moto de su padre biológico, Christian), y la familia después (los abuelos y el tío genéticos) arrancan de una vida sustentada en el amor de sus dos padres, en la libertad para desenvolverse por el mundo, o en el apego a la cultura como fuente de aprendizaje y de satisfacción. Él, por su parte, es un hombre maduro de sesenta y dos años, cuya vida carece de sentido muerta su pareja y alejado –contra su voluntad– de su hija. Y eso que Giose se había reinventado a sí mismo gracias a la paternidad. 
Compositor y cantante pop de éxito en los años 80, Yuma pasó de estrella juvenil –desafiante, rebelde y provocador– a músico maldito y acabado que vivió de sus antiguos temas hasta que el eco de lo que fue se extinguió y dejó de escucharse. El entusiasmo de su marido (un joven profesor universitario experto en las biografías de Jesucristo y Dyonius Exiguus –el monje que determinó nuestro actual calendario–) por compartir con él una familia y el nacimiento de la hija de ambos reconvertirían a Giose en un amantísimo padre entregado a su retoña, así como lo proveerían de la seguridad y confianza que la música le había negado. La muerte inesperada de Christian deja a los dos personajes, Giose y Eva, indefensos ante los mismos problemas: ambos pasan sus días sin amor, ambos se sienten culpables por no haber impedido que los separasen las leyes italianas y el fundamentalismo católico, ambos viven en una realidad mental paralela donde pasan las horas pensando el uno en el otro, sin que a nadie le importe ni lo repare. Esta historia sobre el amor, sobre lo que significa tener hijos, sobre las segundas oportunidades, sobre el azar, Melannia G. Mazzucco nos la narra in medias res, a partir del momento en que Eva decide tomar las riendas de su vida y escaparse de casa para buscar a su padre, retirado a un pueblo de montaña. A golpe de flash backs la escritora nos va informando de los antecedentes: quiénes son Giose y Christian, cómo es la familia de éste (adinerada, hipócrita, homófoba pese a las apariencias que hacían suponer lo contrario; y es que, no en vano, los Gagliardi pertenían a la diplomacia o eran directivos de bancos o dueños de importantes industrias), cuándo se conoció la pareja, de qué manera decidieron tener descendencia, cómo lo consiguieron… Estas analepsis, no obstante, no siguen un orden cronológico. Mazzucco nos narra lo que le apetece cuando le viene bien, nos deja con la intriga, responde a los preguntas que nos vamos haciendo cuando notamos que hay cosas que no sabemos. Tranquilos, parece que nos dice, ahora viene cuando os cuento lo que estáis esperando.

Esta escritora bucea hasta las simas de cada personaje. Sus descripciones psicológicas y físicas son detalladas. Nos pinta una Italia zarandeada por la crisis económica y por la intransigencia de sus élites; un país que, pese a lo obsoleto de su legislación, está cambiando en materia social, se esfuerza por romper el cascarón de la intolerancia y del conservadurismo, para acercarse al resto de Europa y convertirse de facto –y no sólo de palabra– en un verdadero estado democrático.

Eres como eres sorprende no tanto porque trate el tema de la –dificultosa– búsqueda de descendencia de una pareja que no puede concebirla, sino por la fantástica construcción de cada personaje (principales y secundarios) y por la lupa que posa sobre el mapa de su país para mostrarnos qué fuerzas lo gobiernan. La novela trona contra la injusticia que supone separar a un padre de su hija, y viceversa. Pero también es un canto a la conquista de la propia identidad y a lucha por aquello que se ama. En ese sentido, Eva sostiene a Giose, y no al revés.

Tras esta novela sólo cabe leer las siguientes de su autora. Sobre la mesa ya me espera Limbo. Melania G. Mazzucco es una de las grandes. Una voz que tiene mucho –y bueno– que decir.  


viernes, 1 de septiembre de 2017

La célula de oro

 La célula de oro, Sharon Olds. Traducción y prólogo de Óscar Curieses. Barttleby, 2017. 236 páginas. 16 euros.


Tenemos la suerte de que en el último año se hayan publicado en España las obras –espléndidamente traducidas– de tres poetas estadounidenses que todo buen lector disfrutará. Me refiero a Elizabeth Bishop (Poesía Completa 1. Poesía, Vaso Roto, 2016): dueña de un estilo rocoso, hermético, poco dado a la emotividad, con en el que realiza espléndidas descripciones del paisaje desolado de Nueva Escocia (Canadá); Mary Oliver (Felicity, Valparaíso, 2016): poeta veterana, que a sus ochenta años posee una voz fresca y rebelde que rezuma vitalidad a espuertas y un radiante optimismo; y, finalmente, Sharon Olds (La célula de oro, Barttleby, 2017): cuya personalidad poética se encuentra en las antípodas de las dos anteriores. Sus versos son exhibicionistas, están manchados de vida, supuran dolor, nos muestran el reverso de la gente, sus vísceras, nombra lo que nos hace vulnerables y aquello que nos rompe.

La célula de oro se divide en cuatro secciones. La primera constituye una agria mirada sobre la realidad circundante: intentos de suicidios, la desigualdad social por motivos raciales, el hambre que conduce al robo y a la sangrienta justicia vecinal, violaciones y asesinatos de niñas.

La segunda, sin lugar a dudas, es la mejor del conjunto. Olds, como adelantaba, se pone del revés y nos revela sus costuras, su amasijo de huesos y sangre, su pulpa. Los poemas de esta sección ahondan en su malograda vida familiar. Los versos hierven, alertan como señalan luminosas, describen con crudeza estados de ánimo desoladores. Sobresalen “Vuelo a mayo de 1937”, dedicado a sus padres, a punto de casarse (“Quiero alcanzarlos y decirles Parad,/ no lo hagáis…vas a hacer cosas que no podéis imaginar que haríais/…/vais a sufrir de maneras completamente desconocidas,/ vais a querer morir” pág. 57); “Saturno”, desasosegador alegato hiperbólico (con alusión mitológica al padre de Zeus) contra la violencia ejercida por su progenitor (“Tomó/ la cabeza de mi hermano en los labios/ y la arrancó como una cereza de su tallo” pág. 61); “¿Y si Dios?”, donde narra las veces que su madre rezaba quejumbrosa junto a ella, ya acostada, “agrietando mi naturaleza”; “La comida”, nuevo texto a la madre, mujer de existencia malograda, sin apego a la vida e incapacitada para la ternura; “El vestido”, que nos habla de la necesitad de creer que nos aman, y de la arbitrariedad de los símbolos; o “Después de 37 años mi madre se disculpa por mi niñez”, cuyos versos descarnados nos conmocionan por su crudeza (“tu cuerpo viejo/ y suave caído sobre mí con horror,/ te estreché en mis brazos, dije Todo está bien” pág. 115).  


La tercera sección se centra en el sexo, y supone una bajada de la intensidad y de la altura literaria con respecto a la anterior. Sin embargo, el libro cobra bríos y remonta el vuelo en su desenlace. Esta cuarta rememora la vida de sus hijos desde el parto (“los brazos/encogidos como las patas rosadas de un cangrejo”) hasta su adolescencia, pasando por los sobresaltos y angustias que experimenta cualquier madre, pese a lo avezada, ya sea por la herida de un hijo, por una repentina enfermedad o porque ve peligros y emenazas en cualquier parte (“me falta tiempo para llegar a su lado”).

Sharon Olds es una escritora dura, nada complaciente. No aborda un tema desde el lado de la luz, sino desde la sombra. Tampoco da un respiro a sus lectores. Sus símiles, que construye con habilidad e ingenio, siempre crean analogías violentas, como si el mundo no diera para otra cosa, como si los humanos no fuéramos capaces de mucho más, y sólo nos definiera nuestra capacidad de destrucción (“cordones como un conjunto de cicatrices bien estudiadas”, “los baldosines rojos brillando como placas de sangre”,”trituraba los huesos como blandos caparazones de cangrejo”, “los iris embarrados como la corteza de un volcán”, ella “una barrita de mantequilla ante el rallador de acero manchado y agrio de él”…

La cédula de oro sobrecoge por sus temas y por su estilo directo, a veces lleno de quiebros, de frecuentes descripciones enumerativas y unas comparaciones tan imaginativas como crueles. Sharon Olds, un autora para leer, y si su lectura se complementa con las de Bishop y Oliver, tanto mejor: se niegan, se discuten.



jueves, 31 de agosto de 2017

Reseñas de literatura infanto-juvenil




En estos díez años he reseñado, fundamentalmente, novelas y poemarios para lectores adultos. No obstante, también he preparado reseñas de algunos libros dirigidos -en principio, y nunca de un modo excluyente- al público juvenil e infantil. Son estas que siguen:


Novela 13-15 años

* Flores de sombra, Sofía Rhei. Alfaguara. 2010. Aquí.
* Los nombres del fuego, Fernando J. López. Loqueleo. 2016. Aquí.
* La partitura, Mónica Rodríguez. Edelvives. 2017. Aquí.
* Estos días azules, este sol de la infancia, Marcos Calveiro. Edelvives. 2017. Aquí.


Cuento 6 años

* Con Tango son tres, Justin Richardson y Peter Parnell. Ilustraciones de Henry Cole. Kalandraka. 2016. Aquí.


martes, 29 de agosto de 2017

Reseñas nórdicas



En estos diez años he publicado varias reseñas de libros escritos por autores nórdicos, e incluso he preparado un artículo sobre el cineasta más popular de Finlandia. Os dejo los artículos aquí debajo:

Novela

* El año de la liebre, Arto Paasilinna. Anagrama. 2012. FINLANDIA. Aquí.
* Vatanescu y la liebre, Tuomas Kyrö. Alfaguara. 2014. FINLANDIA. Aquí.
* La verdad, Riika Pulkkinen. Salamandra. 2012. FINLANDIA. Aquí.
* Purga (2010) y Cuando las palomas cayeron del cielo (2013), Sofi Oksanen. Salamandra.   FINLANDIA. Aquí.
* El salón rojo, August Strindberg. Acantilado. 2012. SUECIA. Aquí.
* Tu amor es infinito, Maria Peura. Sexto Piso. 2016. FINLANDIA. Aquí.
* Rosa cándida, Augur Ava Ólafsdóttir. Alfaguara. 2011. ISLANDIA. Aquí

Poesía

* El cielo a medio hacer, Tomas Tranströmer. Nórdica. 2010. SUECIA. Aquí.
* Alfabeto, Inger Christensen. Sexto Piso. 2015. DINAMARCA. Aquí.

Cine

* Le Havre, Aki Kaurismäki. 2010. FINLANDIA. Aquí.


jueves, 20 de julio de 2017

Cuestión de tiempo

Cuestión de tiempo, Francisco Díaz de Castro. Renacimiento. 160 páginas. 2017. 17,90 euros.

A un escritor, como a cualquier artista, sólo se le puede exigir que sea honesto, que vuelque en su trabajo lo mejor de sí mismo, la suma de sus experiencias y sentimientos, que aborde los asuntos que le duelan, que no mire el saldo de su cuenta corriente sino que se asome al abismo de su mundo interior, que no haga concesiones al mercado ni a su tiranía de intereses y modas, sino que, por el contrario, escuche la cadencia de su propio pulso. Esta honestidad la encontramos en el poeta Francisco Díaz de Castro (Valencia, 1947), cuya obra completa, Cuestión de tiempo, acaba de salir en Renacimiento. Las claves de su estilo son el carácter elegiaco de sus versos, que retoman tópicos clásicos de la poesía moral romana: el tempus fugit, la muerte o el amor perecedero; el tono meditativo, casi siempre conducido por silvas de verso blanco; el lenguaje coloquial, cercano a los lectores; y el predominio de un campo semántico marítimo, ya posea un valor simbólico o referencial. El volumen recoge una obra creada a lo largo de veinticinco años, como poco, una obra en la que resuenan los ecos de Garcilaso de la Vega y Francisco de Quevedo junto a los de Francisco Brines y Carlos Marzal. No en vano, Díaz de Castro es un gran conocedor tanto de la lírica aúrea como de la contemporánea, a la que ha dedicado páginas imprescindibles en multitud de ensayos, así como en el suplemento El Cultural.


Os dejo aquí el poema:


LAS MUCHACHAS
  
Sentado en la terraza de la playa
atardecido ya, contemplo
a dos muchachas que se besan
con malicia en los labios, recreándose
como brisa de julio,
entre bromas y risas por la clara
provocación que brindan.

Contrasta la alegría de esos ojos,
de esos cuerpos ligeros tendidos en la arena
que enredan el deseo en sus cinturas
y que juegan o no
a gozar del impulso que las tensa,
con la adusta mirada de los veraneantes,
con alguna protesta que se alza.

Veraneantes.
Han tolerado gritos, balonazos,
torpes surfistas contumaces,
motos acuáticas,
perros que se sacuden en la arena,
canciones del verano durante todo el día.
Han leído la prensa imperturbables,
bajo un sol de injusticia o a la sombra,
pero se les abronca el ánimo
porque dos muchachitas en top-less
celebran la existencia.

Al cabo de un buen rato las dos adolescentes,
con sus bikinis húmedos
se alejan de la mano,
de  espaldas a la tarde declinante,
hacia unas rocas solitarias
que el crepúsculo incendia.


(Del libro La canción del presente, 1999)


martes, 11 de julio de 2017

Transcrepuscular

Transcrepuscular. Emilio Bueso. Gigamesh. 278 páginas. 2017. Edición Oro, 42 euros; plata, 32 euros.  


“Soy un explorador, un descubridor. Sólo me interesa cómo se puede llegar más lejos”. Este que habla es uno de los personajes de la última novela de Emilio Bueso. A renglón seguido, rechaza el camino de retorno al hogar, mero trámite fácil y aburrido. A él le gusta el riesgo. “Es territorio desconocido ¾prosigue más adelante¾, pero se puede recorrer”. Esta actitud ante el trabajo la comparten criatura y creador. Un explorador acreditado y célebre. Un ingeniero de sistemas que de un tiempo a esta parte se ha convertido en el escritor más original que tenemos aquí. Hace ya seis años que preparé la reseña del magnífico Diástole (Salto de Página, 2011), a la que siguió la de una novela de culto: Cenital (Salto de Página, 2012), y después las de Esta noche arderá el cielo (Salto de Página, 2013) y Extraños eones (Valdemar, 2014). Ya desde el principio barruntaba que el novelista castellonés seduciría a los lectores gracias a su imaginación y a la fuerza de su estilo, hiptónico, a base de tropos. Y Alejo Cuervo, como antes Pablo Mazo, ha sucumbido a su talento. A lo grande. Edición especial, gamas Oro y Plata, para coleccionistas. Hasta El País de las Tentaciones le ha dedicado un monográfico. El chico lo merece. Emilio Bueso lleva una década (desde que en 2007 publicase Noche cerrada, en Verbigracia) aportando novedades a nuestra narrativa, huyendo de la zona de confort donde se repiten otros, indagando y buscando nuevos caminos por los que transitar. Su última novela forma parte de una trilogía: Los ojos bizcos del sol. Se trata de su proyecto más ambicioso. En él, Bueso ha creado un mundo. Casi nada. Si en sus obras anteriores nos mandaba de visita a bosques boreales en la taiga canadiense, a puertos pirenaicos, a ecoaldeas aisladas de la civilización o al desierto cairota, ahora nos conduce a un planetoide cuyo eje no rota. El escenario que nos pinta vuelve a ser inhabitable, inabarcable –marcas de la casa–, pero en esta ocasión se lo ha sacado de la manga. El planetoide, que no rota, está acoplado a su estrella en órbita de marea. Como resultado, presenta tres ubicaciones: la cara abrasada por el astro (El Desierto del Mediodía), la cara oculta (el Abismo del Mundo) y el único espacio que alberga vida: la frontera, el Círculo Transcrepuscular, donde comienza la historia. La aventura. 


Todo empieza con un robo en una ciudad estado. A la zaga de los ladrones, emprenden un viaje al Polo Negro y los confines del mundo conocido el Alguacil, la Regidora y el Astrólogo. Van buscando un cristal a lomos de sus monturas: una libélula, una avispa y un tábano. Pero el libro es mucho más. Narrada en primera persona por el primer personaje –un monje guerrero criado en un templo milenario, hierático y prudente–, la narración –necesariamente contenida, alejada del lirismo característico del autor– nos descubre formas de vida insólitas y parajes sobrecogedores. Y eso que estamos en el Ecuador, camino del “infierno helado”. Bueso nos habla de criaturas emsambladas por simbiosis, de hombres y mujeres –anfitriones– que albergan toda clase de huéspedes (babosas de combate que marcan en el hombro de los soldados amenazas, peligros y estrategias a seguir, cuando no suministran drogas para mejorar el rendimiento en la lucha; caracoles telépatas que manipulan a su transporte humano; apéndices no encefálicos diestros en el manejo de las armas y en el pilotaje de insectos…). También de accidentes geográficos imposibles: criovolcanes que expulsan hielo, torretenteras de deshielo gigantescas, montañas de hierro. Animales antiguos controlados simbióticamente: orugas de arrastre, serpientes de monta, ácaros taladradores, biostelescopios. Y toda suerte de asentamientos humanos: ciudades estado con ordención municipal, levantadas en círculos concéntricos, con vida subterránea y espacio aéreo protegido por arqueros; refugios de tormenta donde se protegen del hielo los bandidos y parias; campamentos de pueblos mineros o templos de adistramiento en el arte marcial. En este mundo convergen las vidas de varios personajes (a los mencionados se suman el Explorador, el “trapo”, un salteador y una minera nativa), que acaban conformando una variopinta colección de “descastados”, gentes sin ciudadanía o a punto de perderla, de proscritos de nacimiento o por coyunturas, de humanos y de seres bien distintos que habrán de colaborar para sobrevivir. 
Cada uno representa una manera diferente de ser y de estar en el mundo: animistas, bandidos, brujos, samuráis, cartógrafos, obreras de la mina. No faltan en la novela la acción, la aventura y el humor. Futurista y épica, de estilo magro (escasa retórica) Transcrepuscular ha puesto en marcha todo un planetoide para nosotros. Y nos ha dejado con ganas de más. Quienes aún no hayan llamado a montura para cabalgar a lomos de este libro ya están tardando. Acaba de salir en e-book, pero la edición en papel se agota. 

 Esta reseña ha sido publicada por La Tormenta en un Vaso. Original, aquí.



        

lunes, 3 de julio de 2017

Línea de flotación, en El Ojo Crítico (RNE)



Os dejo el podcast de la entrevista que me ha realizado esta tarde Juan Carlos Morales en el prograna El Ojo Crítico (RNE), a propósito de mi nuevo poemario: Línea de flotación (Ediciones Aguadulce, Bayamón, Puerto Rico, 2017).


Saludos.

 

sábado, 1 de julio de 2017

No lugar

No lugar. Cindy Jiménez-Vera. Ediciones Aguadulce. 2017. Bayamón. Puerto Rico. 9 euros. 10 dólares. 71 páginas.
  
 
En apenas un lustro, la poeta, editora, antóloga, bibliotecaria y profesora puertorriqueña Cindy Jiménez-Vera ha publicado cuatro libros de poemas (alguno “mutante”, según David Caleb): Tegucigalpa (Aguadulce 2012, Erizo Editorial 2013), 400 nuevos soles (Aguadulce 2013, Atarraya Cartonera, 2014), Islandia (EDP University, 2015) y No lugar (Aguadulce, 2017). Todos comparten un fondo social, un compromiso civil que traspasa las fronteras nacionales, que ejercita la elastiscidad del músculo empático, que sale de su zona de confort (por humilde que sea) para denunciar las taras del mundo. Sus dos últimas obras, además, hibridan este talante crítico con el tono elegiaco. Lucha y pérdida, futuro y pasado, vertebran estos libros, dejando un tablero ajedrezado donde el negro presagia al blanco, la claridad a la sombra, las fuerzas que nos hunden a las que nos levantan. Ajedrez. Combate de emociones. Suma de contrarios sobre la que la autora hace equilibrios para no caer.

No lugar nos habla de un tránsito, en un doble sentido. La protagonista lírica del texto ha dejado de habitar su ciudad, el espacio que la protegía. Perdida la ciudadanía, habita en los márgenes del mundo, al raso, sacudida por la intemperie de saberse sola y sin vínculos emocionales con el resto de la humanidad. Pero también nos habla de un tránsito en clave paulina: Cindy dialoga con la Epístola de San Pablo a los corintios: nuestra vida es prestada, estamos de paso. El hombre es un homo viator, un peregrino que no debe poner sus ojos en los bienes –caducos y perecederos– del mundo. Este doble tránsito: el destierro a la periferia y el viaje por lo efímero, tienen un mismo origen, la muerte de la Madre. Junto a los poemas íntimos que abordan este tema, la autora introduce la mirada exterior de la que hablábamos. Del epicentro, enclavado en la isla antillana (denuncia de los desahucios, de los recortes en Educación y en Sanidad, de la precariedad laboral, de la crisis energética que sume a Puerto Rico en la más absoluta oscuridad…), la denuncia se expande en ondas concéntricas hasta llegar a Siria (asesinato de homosexuales en Palmira, precioso poema –por cierto– escrito en Colombia allá por 2015).

No lugar insiste en los rasgos característicos de la poética de Cindy Jiménez-Vera: ironía, chanza, culturalismo, lenguaje coloquial, compromiso, conciencia crítica y hondura, que la emparentan con su admirada Gloria Fuertes; poeta nacida no muy lejos de aquí, y que celebra los versos de la puertorriqueña en las tascas del cielo.  


Con esta reseña presenté el nuevo poemario de la autora en la librería La Sombra (Madrid, España) el pasado lunes 26 de junio de 2017.

   

miércoles, 28 de junio de 2017

Celebrando el Orgullo con Carne Cruda



Os dejo el podcast con el programa que Carne Cruda ha emitido esta mañana para celebrar el Día del Orgullo LGTBI.

Carmen París, La Joven Compañía, Yolanda Domínguez y Ariadna G. García en un programa dirigido por Javier Gallego que celebra el World Pride 2017.

martes, 27 de junio de 2017

Orgullo de periferia



Gracias a la gestión de Alberto García-Teresa, Ana Rosseti, Nuria Ruiz de Viñaspre, Belén García Nieto y yo llevamos las fiestas del Orgullo LGTBI al barrio de Vallecas. Daremos un recital poético -reivindicativo- en el Bulevar Federico García Lorca. A las 20:00.

Os esperamos.

martes, 20 de junio de 2017

En defensa de los animales

En defensa de los animales, Jorge Riechmann. Catarata. 2017. 272 páginas. 18 euros.
  

Titulaba Jorge Riechmann a uno de sus ensayos anteriores El siglo de la Gran Prueba (Baile del Sol, 2014), aludiendo al reto al que nos enfrentamos los seres humanos en esta centuria: la supervivencia de la especie y del tercer astro del sistema solar. En esta y otras obras, el célebre profesor de Estética Moral de la UAM alerta a sus conciudadanos del colapso civilizatorio al que nos encaminamos si no cambiamos de modelo económico, político, energético y social. Su último trabajo, En defensa de los animales, insiste en esa llamada de atención hacia nuestra responsabilidad individual y colectiva para afrontar con éxito esa prueba de la que dependemos tanto nosotros como todos los seres que pueblan el mundo. No obstante, lo hace de manera diferente. En esta ocasión, Riechmann ha elaborado una antología de textos del siglo III a C. hasta la actualidad que recogen aquellos valores que defiende: respeto, compasión, convivencia, acompañamiento, empatía, admiración y amor. Realizando un recorrido por la historia de nuestra relación con los reinos vegetal y animal (y de paso, por la historia del reconocimiento de nuestros derechos humanos), el poeta compila –hermosos y/o críticos– fragmentos que nos ilustran sobre cómo debemos actuar a día de hoy si queremos salvarnos. No faltan citas de la Biblia, Plutarco, El Corán, Montaige, Hume, Rousseau, Kant, Bentham, Salt, Schopenhauer, Thoreau, Singer, Zaniewski, Savater o Yourcenar, entre otras muchas obras y pensadores que recoge el volumen. Riechmann apela a que los humanos emprendamos políticas de la amistad, cuyo fin sea mantener y promover la vida. Ante el colapso eco-social que se nos viene encima, propone una “eco-sofía” (Bateson) que garantice la protección de la biosfera, de la que formamos parte como animales que somos. 
“Dominar no la naturaleza, sino la relación entre naturaleza y humanidad. Dominar nuestro dominio”, es el emblema de la obra. El día que aprendamos a poner coto a nuestras ambiciones, que colaboremos en beneficio de todas las especies de la Tierra, ese –utópico– día en que despertemos del sueño de la infinitud de los recursos naturales, del crecimiento exponencial, ese día –quizás– superemos la prueba que nos examina de nuestra supuesta inteligencia. Veremos.  

Esta reseña ha sido publicada por La Tormenta en un Vaso.

 

viernes, 16 de junio de 2017

Arañas de Marte

 Arañas de Marte, Guillem López. Valdemar. 2017. 256 páginas. 13,20 euros.


A un libro le pedimos muchas cosas: que nos entretenga, que nos haga pensar, que nos enfrente a nuestros miedos, que nos sacuda, que nos deleite por su estética, que nos acompañe, que nos alerte, que nos consuele, que nos rete. La última novela de narrador valenciano Guillem López (1975), Arañas de Marte (Valdemar), cumple dichos requisitos. Casi nada. El argumento es este: coincidiendo con el primer aniversario de la muerte de Joan, su hijo, Hanne sufre una crisis nerviosa a la que nosotros, los lectores, asistimos en tiempo real. La novela transcurre dentro de su mente. Un cerebro alterado por la tragedia. A partir de ese instante, del modo que la protagonista pierde pie sobre el concepto certeza, nosotros también. Su depresión la lleva a confundir recuerdos e invenciones, a dar por real la fantasía, a presagiar el pasado, a construir diferentes versiones de los hechos vividos por ella, el niño y Arnau, su esposo. López, en el fondo, dialoga con su libro con la amplia tradición literaria/cinematográfica que aborda el asunto del contraste entre la apariencia y la realidad (desde Calderón de la Barca, pasando por Unamuno, Philip K. Dick o las hermanas Wachowski). Por otro lado, el narrador se dirige al lector explícito, a lo largo de la obra, para compartir con él sus comentarios sobre varias parejas de binomios: cordura-enfermedad, realidad-ficción, seguridad-incertidumbre. Algunos son muy buenos: “Quizás un lunes por la mañana la realidad se trace con tiralíneas: despertador, café, ascensor, atasco, trabajo…y así siempre, cada día. Aunque en otra parte –porque siempre ocurre en otra parte–, la vida da un traspiés y todo se va a la mierda. Entonces, descubrimos que no somos más que un equilibrista chino que gira platos sobre varas y corre de una parte a otra del escenario. Si cae uno, caen todos” (p. 46).  
Arañas de Marte, es una gran novela para recordarnos que hay un peligro –invisible, aleatorio– que siempre nos acecha: la enfermedad mental. ¿Qué puede horrorizarnos más que asistir a la pérdida de identidad de un ser querido, que saber que toda nuestra vida compartida ha dejado de tener un espejo donde mirarse? No reconocerte en lo que quedas, o peor, ser consciente de que has dejado de ser quien fuiste, es la mayor historia de terror que uno pueda imaginarse. Guillem López ha escrito un libro muy bueno, laberíntico, contradictorio, lleno de vueltas de tuerca. Altamente recomendable.  

Esta re seña ha sido publicada por La Tormenta en un Vaso.
 

sábado, 10 de junio de 2017

Invasiones

Invasiones. Ismael M. Biurrun. Valdemar. 2017. 384 páginas. 14.50 euros.


Ismael M. Biurrun (1972) es, sin duda alguna, uno de los autores imprescindibles de la narrativa española actual. Y no me refiero a la novela de género, tan denostada y marginada en nuestro país. Quienes leen mis reseñas ya saben que llevo una década reivindicando que ciertos autores de la novela fantástica, gótica, prospectiva… están haciendo literatura de verdad, que publican libros de calidad exquisita, que poseen voces muy personales con las que muestran la vida desde ángulos insospechados, y cuyas historias –poderosamente atractivas– nos obligan a dar sorprendentes giros dramáticos. Me refiero a narradores que mezclan géneros, que no siguen los raíles de las convenciones ajenas, que gustan de exprimentar rutas originales, como Emilio Bueso, Jon Bilbao, Luis Manuel Ruiz, Roberto de Paz, Guillem López o el propio Ismael M. Biurrun. Este último ha publicado seis obras: Infierno nevado; Rojo alma, negro sombra (451); Mujer abrazada a un cuervo, El escondite de Grisha (ambas en Salto de Página), Un minuto antes de la oscuridad (Fantascy) e Invasiones (Valdemar). Su segunda novela le granjeó los premios Celsius y Nocte en 2009; la tercera, el Celsius en 2011. Mujer abrazada a un cuervo y El escondite de Grisha son dos novelas excepcionales, de las que se disfrutan y se releen porque gusta estar en ellas. Biurrun no ya sólo domina el ritmo del relato, sino que tiene un estilo primoroso, lírico, le encanta trabajar con las palabras y eso se nota, es un mago de la retórica y de la sugestión. Por otro lado, sabe crear personajes complejos y situaciones conflictivas que resuelve con soltura. Su última obra, Invasiones, supone un giro con respecto a estas premisas. En esta ocasión, Biurrun nos entrega tres novelas cortas en un solo volumen. Cada una nos ofrece una pesadilla distinta. La primera, Coronación, relata el asedio a Madrid de una plaga de langostas. La segunda, El color de la Tierra, describe cómo la superficie de Valencia se agriteta y la gente enloquece. La tercera, Nebulosa, narra una lucha milenaria entre microorganismos que atraviesan la atmósfera a lomos de un asteroide. En estas nouvelles, Biurrun prescinde de las marcas de la casa (lirismo, profundidad psicológica, fina caracterización de los personajes) en pos de la contundencia de un género más breve y condensado. En su lugar, se desliza hacia la narrativa de terror, con episodios realmente macabros, de los que te dejan con mal cuerpo y prefieres borrar de la imaginación acabada la lectura. La primera historia es muy buena (también la más cercana al estilo de Biurrun). A la plaga se suman varias crisis (afectivas, familiares, económicas) que arrinconan a los protagonistas en lo alto de una edificio de lujo de la capital. La amenaza que sufre el mundo externo sirve como caja de resonancia que amplifica los dramas íntimos de los personajes. 
La tercera, pese a lo gore o repulsivo de alguna escena, tiene un final sorprendente, perfecto. Biurrun es un novelista al que le gustan los retos. Invasiones es un libro arriesgado, demasiado escorado –en mi opinión– hacia un público muy específico, que, necesariamente, se deleitará con sus páginas. Más aún con esta bella edición en tapa dura de Valdemar. Por mi parte, yo ya estoy deseando que Ismael recupere sus señas de identidad. Mujer abrazada a un cuervo no es una buena novela de fantasía, sino una de las mejores obras publicadas en este país en lo que llevamos de siglo


Esta reseña ha sido publicada por La Tormenta en un Vaso.


jueves, 8 de junio de 2017

Presento mi nuevo libro en La Sombra



En noviembre de 2015 tuve el honor de representar a España -junto a Raquel Lanseros- en el "XXII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas" que tuvo lugar en Cereté (Colombia). Allí conocí a un elenco de autoras excepcionales, entre otras: Cindy Jiménez-Vera (Puerto Rico) y Jamila Medina Ríos (Cuba). Fruto de aquella experiencia inolvidable -donde participé en lecturas en institutos, biblioetcas, casas populares y donde impartí un taller sobre "Poesía y compromiso civil" dirigido a profesoras de secundaria y líderes locales-, nació la posibilidad de publicar mi nuevo poemario: Línea de flotación. El libro acaba de nacer en el Caribe. Lo edita Ediciones Aguadulce, y tengo el honor de que me lo prologue Jamila Medina.

Os dejo por aquí el lugar y hora de presentación:

El próximo lunes 26 de junio Ediciones Aguadulce (Puerto Rico) realizará una triple presentación, en la librería La Sombra, de sus últimos poemarios: Línea de flotación, de la escritora española Ariadna G. García; No lugar, de la poeta y editora puertorriqueña Cindy Jiménez-Vera; y La mecánica de Morfeo, del también antillano José Raúl Ubieta.

Se trata de una ocasión fantástica para conocer el trabajo de esta editorial independiente del Caribe, dirigida por la propia Cindy Jiménez-Vera. Además, tendremos el privilegio de contar con la presencia en Madrid de todos los autores.

Os esperamos.
 
 

miércoles, 7 de junio de 2017

Línea de flotación



Es para mí un placer anunciaros que mi nuevo libro de poemas, Línea de flotación, acaba de nacer en Puerto Rico, de la mano de Ediciones Aguadulce, un sello independiente boricua. En breve anuncio fecha y lugar de presentación. No puedo sentirme más emocionada y feliz. Vaya mi agradecimiento a un equipo maravilloso, en lo humano y en lo profesional.


martes, 6 de junio de 2017

Me crece la barba. Poemas para mayores y menores

 Me crece la barba. Poemas para mayores y menores, Gloria Fuertes. Edición de Paloma Porppeta, Reservoir Books, 2017. 260 páginas. 20 euros.



Yo estaba a punto de cumplir los tres años cuando cesó de emitirse en TVE el programa infantil Un globo, dos globos, tres globos. Apenas me acuerdo de la sintonía y de algunas imágenes. Pero crecí con La cometa blanca (1981-83), Mazapán (1984-85), El kiosko (1984-97) y La bola de cristal (1984-88). Qué tiempos. Es en el primero de estos programas donde escuché los versos de Gloria Fuertes. No sabía muy quién era. Pero aún recuerdo su voz y la gravedad con que nos recitaba sus textos a todos los niños españoles, como diciéndonos: la poesía es un género serio que, bajo su apariencia festiva, esconden verdades dolorosas, de las que nos rompen por dentro. No fue por ella, sin embargo, que empecé a escribir versos, sino por Samaniego e Iriarte. La parodia que Martes y Trece dedicó a la poeta la Navidad de 1985-86 dejó como recuerdo colectivo para toda una generación de infantes a un personaje irrisorio. Si la primera etiqueta que me colgaron de ella fue la de autora infantil, la segunda sería personaje cómico de la vida pública. En la carrera (Filología Hispánica) no hubo profesor alguno que nos la mentara. Mi afición a la poesía, primero, y un encargo editorial más tarde (Antología de la poesía española 1939-1975, Akal, 2003), sí me abrieron las puertas de su obra. Pero entonces le colgué la etiqueta que la crítica le había adjudicado: poeta postista. Y como tal la difundí cuando impartí clases de poesía contemporánea en la Universidad Complutense. Sin embargo, releída ahora gracias a la fuerza que está adquiriendo su centenario (homenajes de gran éxito de público en la sede del Instituto Cervantes y en la Casa de la Villa), veo que qualquiera de los rótulos con los que se ha venido etiquetando (poeta de los niños, autora postista) es insuficiente para dar cabida cuenta de la riqueza y complejidad de su quehacer poético. El libro que reseño, Me crece la barba (Reservoir Books, 2017), ha sido elaborado por Paloma Porppeta (presidenta de la Fundación Gloria Fuertes), quien, consciente de los corsés que han venido maniatando la recepción de la obra de la vate madrileña, ha seleccionado textos de diferentes épocas, registros, tonos, temas y perspectivas. El resultado es una antología desprejuiciada; magnífica ocasión para que los lectores se adentren en una obra inclasificable, versátil y escurridiza.
Junto a los vanguardistas juegos de palabras de quien ha superado todos los istmos (“vengo voceando,/buceando, mejor”) y el tono lúdico –irónico– de muchas de sus composiciones (“se dan casos, aunque nunca se dan casas”), Gloria Fuertes nos ofrece en sus versos una visión angustiada de la vida. Este segundo tono a veces se nos revela en perfectos alejandrinos no exentos de autocrítica, combinada con la denuncia social (“La vida no nos gusta y seguimos inertes/a lo mejor venimos para ser algo raro/y a lo peor nos vamos sin haber hecho nada” de Hay un dolor colgando; “y nos pisan el cuello y nadie se levanta”, de ¡Hago versos, señores!), en otras ocasiones nos hablan de la soledad de la autora (“Tengo que deciros…Que estoy sola”, “Desde este desierto de mi piso/amo en soledad a todos”), y son bastantes aquellos en que muestra su miedo a la muerte (Precioso el texto La vida es una hora, que transcribo íntegro: “Apenas te da tiempo a amarlo todo/ a verlo todo./La vida sabe a musgo,/sabe a poco la vida si no tienes/ más manos en las manos que te dieron./Al final escogemos un lugar peligroso,/un pretil, una vida/la punta de un puñal donde pasar la noche”). El tema político cruza sus poemarios de lado a lado, ya sea por medio de símbolos (“Me apunto al sol/porque no es de nadie/para ser de todos”), de metonimias (“No olvido/cuando rojos y negros/corríamos delante de los grises/poniéndoles verdes”) o de paranomasias (“Mi partido es la Paz./Yo soy su líder./No pido votos, pido botas para los descalzos/–que todavía hay muchos–“). Poeta de guardia, poeta del pueblo, Gloria Fuertes abrazó la idea de la solidaridad y defendió en sus versos la justicia social. El texto Nos perdamos el tiempo es un suerte de poética donde que deja muy claro el objetivo a perseguir por los poetas de España: “no decir lo íntimo, sino cantar al corro/no cantar a la luna, no cantar a la novia/…/Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso/gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo/debajo de las latas con lo puesto y aullando”. Esta voz, anclada en lo social, es hermana de la de Ángela Figuera Aymerich, otra poeta de los 50 que la crítica ha venido ignorando, y cuya obra y memoria –poco a poco– se están recuperando en la última década.
Fuertes nos ha dejado una obra cercana, realista, comprometida y verdadera. De estilo claro, dado a los juegos de palabras, encontró la manera de conectar con sus contemporáneos. Su voz es la de todos. Es la voz de los humildes, de los trabajadores, de los ninguneados, de los vilipendiados, de los que se hiceron a sí mismos en los años de posguerra. Mujer, lesbiana y escritora, su vida no fue fácil bajo la dictadura (“me salió una oficina/donde trabajo como si fuera tonta,/–pero Dios y el botones saben que no lo soy”–, de Nota biográfica). Sus poemas nos describen una doble Gloria: la secretaría de día, y la poeta de noche; la que sigue las normas, y la que se las cuestiona; la que finge delante de los otros, para no destacar, y la que se derrama tal cual es en sus composiciones; la contable, y la bohemia; la mujer exacta, responsable, y el ama de casa que ni se hace la cama ni limpia el polvo.
Revisada su obra, comprobamos que hay más de un Gloria Fuertes en sus libros. La mitad de su obra ha sido ignorada porque no convenía desencasillar a una mujer debidamente etiquetada y precintada. Siempre se ha controlado mejor a nuestro sexo atribuyéndole funciones esterotipadas: la crianza, la maternidad, los niños. Gloria estaba controlada, al margen del canon. Antes lo estuvieron otras: sor Juana Inés de la Cruz fue hostigada por escribir poemas hasta que se vio obligada a renegar, por escrito, de toda su obra. Ambas, unas rebeldes. Ambas, envasadas y exhibidas en estantes benignos: poesía amistosa, la mexicana; poesía infantil, la madrileña. Las dos vieron como sus atrevidas composiciones feministas (homoeróticas, en el caso de la monja; de denuncia social y de la falta de equidad entre sexos, en el caso de Fuertes –“Sé escribir, pero en mi pueblo/no dejan escribir  a las mujeres”–) fueron invisibilizadas o negadas. Por eso festejamos que en 2017, con motivo del centenario del nacimiento de la poeta de Lavapiés, se publique Me crece la barba, antología que da la oportunidad a los lectores de romper la barrera de los prejuicios y de acercarse a unos versos honestos, angustiados, juguetones y críticos, para valorar en su justa medida a una autora injustamente desvalorizada.    

 Esta reseña ha sido publicada por el blog La Tormenta en un Vaso.